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Pablo Yusta 11 Nov '19 · 7 minutos Una aproximación a Factfulness No debemos sentir vergüenza por tener una concepción equivocada del mundo, ya que está en nuestra naturaleza, sino que debemos ser humildes, curiosos y estar listos para asombrarnos con las cosas que nos pueden hacer cambiar de opinión. Es una lucha contra nosotros mismos.

Disclaimer: en ningún caso puede considerarse que el siguiente artículo sustituya la lectura del libro Factfulness. En ningún caso piensen que las preguntas que se hagan en este artículo tienen truco. Ni en ningún caso piensen que las siguientes investigaciones son mías.


                El pasado 23 de septiembre se celebró la Cumbre sobre el Clima organizada por las Naciones Unidas. Poco después se hacía viral la famosa intervención de Greta Thurnberg titulada: How dare you? Tengo que admitir que el discurso me dejó preocupado, ya que se encontraban sentencias tan duras como: “People are suffering, people are dying and entire ecosystems are collapsing. We are in the beginning of a mass extinction”.

                En un principio, me costaba admitir que estamos en el inicio de nuestra extinción. Pero tiene sentido si pensamos un momento en el mundo así: “guerra, violencia, desastres naturales, corrupción. Las cosas van mal y parece que están empeorando, ¿verdad? Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres; y el número de pobres no hace más que aumentar; dentro de poco nos quedaremos sin recursos naturales a menos que hagamos algo drástico”.

                Aunque creo en el largo plazo, sentí que el pesimismo se apoderaba de mí y empecé a dudar que ese largo plazo realmente existiese. Y llegó a mis manos un libro titulado Factfulness. De él encontraréis muchas reseñas en Internet, pero prometedme que, si este artículo os genera inquietud, trataréis de leer el libro, ya que es la única manera de entender el trabajo de investigación.

                Antes de continuar, toma un papel y lápiz y responde a las seis preguntas siguientes. Las respuestas están al final del artículo, pero mirarlas antes de tiempo solo servirá para que el artículo pierda todo su interés (y para admitir que te interesa poco poner a prueba tus opiniones).


1. En los últimos 20 años, la proporción de población mundial que vive en condiciones de pobreza extrema (menos de 2$ diarios) …

a)      casi se ha duplicado

b)      se ha mantenido más o menos estable

c)      casi se ha reducido a la mitad

 

2. ¿Cuál es la esperanza de vida en el mundo en la actualidad?

a)      50 años

b)      60 años

c)      70 años

 

3. Actualmente, hay en el mundo 2.000 millones de niños de edades entre 0 y 15 años. ¿Cuántos niños habrá en el año 2100 según Naciones Unidas?

a)      4.000 millones

b)      3.000 millones

c)      2.000 millones

 

4. En los últimos cien años el número de muertes debidas a desastres naturales…

a)      ha aumentado a más del doble.

b)      se ha mantenido aproximadamente igual.

c)      ha disminuido a menos de la mitad.

 

5. ¿Cuántos bebés de un año han sido vacunados contra alguna enfermedad?

a)      20 por ciento

b)      50 por ciento

c)      80 por ciento


6. En el mundo, ¿cuántas personas tienen acceso a la electricidad?

a)      20 por ciento

b)      50 por ciento

c)      80 por ciento

 


                El test que aparece en el libro tiene 13 preguntas, pero considero que estas seis servirán para transmitir el mensaje. Los resultados son desalentadores y como explican en el libro: “en 2017 pedimos a casi 12.000 personas de 14 países que respondieran a las preguntas. Como media, solamente respondieron correctamente a dos de las doce primeras (preguntas). Nadie hizo pleno y solamente una persona (en Suecia) respondió correctamente a once de doce. Un asombroso quince por ciento sacó cero”.

                Entonces el autor se pregunta el porqué de esta concepción errónea del mundo. Y para ello plantea diferentes hipótesis:


  • Ignorancia

                Tal vez las personas con mayor formación o las personas más interesadas en estos temas obtendrán mejores resultados. Pero el autor explica: “he puesto a prueba a audiencias de todo el mundo y de todos los ámbitos sociales: estudiantes de medicina, profesores, conferenciantes universitarios, científicos eminentes, periodistas, activistas, e incluso destacados líderes políticos. […] Sin embargo, la mayoría de ellas -una asombrosa mayoría de ellas- responde incorrectamente a la mayoría de preguntas. Algunos de esos grupos obtienen incluso peores resultados que el público en general. […] No es cuestión de inteligencia. Aparentemente, todos ellos tienen una visión tremendamente equivocada del mundo”.

                Por lo tanto, no es un problema de ignorancia o de falta de inteligencia.


  • Falta de información

                Tal vez las personas sí tengan la inteligencia, pero no pueden acceder a la información para responder a estas preguntas. Sin embargo, en ese caso se respondería de manera aleatoria, al azar. El autor explica que la gente no solo tiene una visión tremenda equivocada, sino sistemáticamente equivocada: “imagina que decido acudir al zoo para plantear mis preguntas a los chimpancés. […] Por pura suerte, el grupo de chimpancés tendría un 33 por ciento de probabilidad de acertar en cada pregunta o de adivinar cuatro de las primeras doce de todo el test. Recordemos que los humanos a los que he evaluado obtienen, como media, dos de doce en ese mismo test.”

                Por lo tanto, no es un problema de falta de información disponible.


  • Información antigua

                Tal vez las personas sí tenían conocimiento y acceso a la información, pero ésta estaba obsoleta, es decir, desfasada en varias décadas. Pero ese tampoco era el problema, en palabras del autor: “la ignorancia con que nos encontrábamos no era únicamente un problema de actualización. […] porque, como noté con pesar, incluso las personas a las que les encantaban mis conferencias, en realidad no las escuchaban. […] Las nuevas ideas no calaban. Incluso nada más finalizar mis charlas, oía que algunas personas expresaban creencias sobre la pobreza o la población que yo acaba de desmentir con datos”.

                Por lo tanto, el acceso a la información más reciente no solucionaría el problema.


  • Medios de información manipuladores

                Tal vez esta concepción errónea del mundo se debe simplemente a la manipulación por parte de los medios de comunicación. El autor explica que se lo planteó, pero que ésa no era la respuesta: “sin duda los medios de comunicación tienen algo que ver, pero no podemos convertirlos en los malos de la película”. El motivo de esa opinión es que en enero de 2015 participó en el Foro Económico Mundial. Entre la audiencia se encontraban las destacadas personalidades que pasarían los días siguientes explicándose el mundo unas a otras. Personas con acceso a los datos provenientes de las fuentes científicas más fiables. El autor narra: “estaba a punto de hacerle a la audiencia tres preguntas sobre datos reales -sobre pobreza, crecimiento de la población e índices de vacunación- y estaba bastante nervioso. Si los miembros del público sabían las respuestas, ninguna de mis diapositivas funcionaría.” Sin embargo, no debería haberse preocupado, pues, aunque un asombroso 61 por ciento respondió correctamente a la pregunta sobre la pobreza, las otras dos preguntas las respondieron peor que los chimpancés (aleatorio).

                Por lo tanto, no era un problema tan solo de la manipulación de los medios.


  • Idea exageradamente negativa del mundo

                La concepción excesivamente dramática del mundo es la causa de que las personas respondan incorrectamente a las preguntas eligiendo intuitivamente las respuestas más pesimistas y negativas. El autor explica que: “la concepción excesivamente dramática del mundo es muy difícil de cambiar porque tiene que ver precisamente con cómo funciona nuestro cerebro”. Y es que el cerebro humano es producto de millones de años de evolución y en el pasado fuimos desarrollando una serie de instintos que nos permitieron sobrevivir (que no es poco). Y es este el gigante al que nos enfrentamos: una enorme barrera de sesgos cognitivos liderados por uno que tiende a magnificar el drama (en el pasado, para detectar el peligro lo antes posible) y otro que tiende a preponderar la reacción instintiva (para ponerse a salvo lo antes posible) a cualquier pensamiento crítico.


                Debemos convertir el factfulness, la opinión basada en datos objetivos (facts), en parte de nuestra vida diaria. Y volviendo a la introducción del artículo, cuando escuchemos discursos apocalípticos como el de Greta Thunberg, vamos a intentar detener por un momento a nuestros instintos y acudir a alguna fuente objetiva para contrastar la información. El libro no pretende negar la existencia de la desigualdad o del cambio climático. Pero sí que pretende que, si pensamos de nuevo un momento en el mundo, hagamos una descripción más precisa: “la inmensa mayoría de la población mundial vive en algún lugar situado en la mitad de la escala de ingresos. Puede que no sean lo que consideramos clase media, pero no viven en condiciones de pobreza extrema. Sus niñas van al colegio, sus hijos son vacunados, viven en familias de dos hijos y quieren viajar al extranjero de vacaciones, no como refugiados. Paso a paso, año tras año, el mundo va mejorando…”.


                No debemos sentir vergüenza por tener una concepción equivocada del mundo, ya que está en nuestra naturaleza, sino que debemos ser humildes, curiosos y estar listos para asombrarnos con las cosas que nos pueden hacer cambiar de opinión. Es una lucha contra nosotros mismos. Afortunadamente, el libro puede ser un gran aliado, ya que describe diez instintos que, de maneras diferentes, nos afectan y explica cómo podremos controlarlos para cambiar nuestra incorrecta percepción por una basada en datos objetivos.


                Como conclusión me gustaría aportar mi punto de vista, ya que este tema tiene especial importancia y, como explica el autor: “cuando usas el GPS en el coche, es importante que utilice la información adecuada. No confiarías en él si aparentemente te guía por una ciudad distinta a aquella en la que te encuentras, porque sabes que acabarías en un lugar equivocado. Por tanto, ¿cómo iban los responsables de la toma de decisiones y los políticos a poder resolver problemas globales si actúan basándose en datos equivocados?”. Y es que, antes de plantear políticas radicales o situaciones de emergencia, es necesario conocer el mundo en el que vivimos, pues de lo contrario corremos el riesgo de destruir todo el progreso alcanzado.


                Aquí van las respuestas correctas, y todos los datos están bien explicados en el libro: 1.C, 2.C, 3.C, 4.C, 5.C, 6.C.


                De todas maneras, pongo también enlaces a cada una de las preguntas para que quien quiera saber más sobre alguna de ellas:





Photo by Mathew MacQuarrie on Unsplash


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