Ahorro e inversión
Básico

Dos herramientas para no caer en compras compulsivas

Ahorrar es sencillo, aunque no siempre fácil. Para ahorrar sólo hay que… ahorrar. Es decir, apartar una cantidad de dinero todos los meses, preferiblemente a principio de mes y de forma automática.

Lo que no es tan sencillo y mucho menos fácil es evitar las compras compulsivas y no sé a ti, pero a mí una de las cosas que menos me gusta es sentir que me la han jugado. Y todavía menos cuando me la juega mi propio cerebro, por mucha ayuda que tenga de los trucos de marketing y venta de las tiendas.

Vivimos en una sociedad hiperconsumista y encima nuestro cerebro está diseñado para buscar la recompensa inmediata. Es decir, para gastar y consumir.

Hay muchas formas y trucos para no caer en las trampas del consumismo y evitar las compras compulsivas. De todas ellas, dos me parecen especialmente efectivas.

La primera son cuatro simples preguntas que pondrán esa compra en perspectiva:

  1. ¿Realmente lo necesito?
  2. ¿Voy a tener que endeudarme?
  3. ¿Puedo encontrarlo más barato?
  4. ¿Cómo me voy a sentir cuando lo compre? Y no ahora, sino ahora, a la semana, al mes y al cabo de un año.

 

Todas las preguntas tienen su lógica y te ayudarán a pensar en esa adquisición que estás a punto de hacer. Sin embargo, su gran poder no es solo ese. A mí me funcionan porque ponen distancia entre el impulso y la compra, y separar los dos eventos en el tiempo reduce mucho las decisiones impulsivas.

Al final, se trata de desactivar la parte más irracional e impulsiva de tu cerebro para activar la que sí es racional, como se explica en Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman.

¿Y cuánto tiempo hace falta separarlo? Según la psicóloga Kelly McGonigal, autora de The Willpower Instinct, diez minutos son suficientes.

¿Bastan estas cuatro preguntas para cubrir los diez minutos? Es posible que no, y para eso está la segunda herramienta, que sirve para poner en perspectiva de verdad lo que te cuesta eso que vas a comprar.

Es el truco de medir el precio en horas de trabajo. Su funcionamiento es muy simple. Solo debes transformar el precio del artículo en horas de trabajo.

Por ejemplo, si tu salario neto son 2.500 € y trabajas 40 horas a la semana, cada hora de tu tiempo vale 15,6 € (2.500 € entre 4 semanas y eso entre 40 horas semanales, sin tener en cuenta vacaciones, claro).

Ahora imagina que quieres un nuevo móvil de 800 €. Pues eso equivale a 115 horas de trabajo o, lo que es lo mismo, a casi 3 semanas de nueve a dos y de cuatro a siete en la oficina. ¿A que ya ves diferente la compra de ese móvil? Yo desde luego sí que lo haría y mucho tendría que valorarlo para comprarme ese modelo y no otro.

Al final, este truco tan simple activa uno de nuestros mayores puntos de dolor: el tiempo que pasamos en la oficina o trabajando en lugar de hacer lo que queremos. Por eso funciona tan bien y es un complemento ideal para el anterior.

A estas dos herramientas puedes sumar otras, a saber, esperar 7 días para comprar cualquier cosa, o solo las que caigan por debajo de un precio determinado, o crear una lista de deseos en lugar de comprar online y ver después de un tiempo si todavía sigues necesitando o queriendo tanto ese producto.

Foto de Tim Douglas

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