Hace un tiempo me encontraba pensando en mi familia y jugando a algo en mi mente. Me refiero a ese jueguecillo al que jugamos los humanos en el cual intentamos identificar posibles peligros futuros y buscamos protección ante ellos.
Sí, sé que es una ilusión pensar que puedes protegerte a ti y a los tuyos de todo escenario posible, y que hagas lo que hagas la vida depara constantes sorpresas que descarrilan tus planes, pero a pesar de ello no deja de ser un ejercicio mental interesante y creo que a muchos otros humanos como yo les gusta ese juego.
¿Que te quedas en paro o que el sistema de pensiones pueda hundirse? Ahorro e inversión por un tubo cada mes. ¿Que tu banco puede quebrar? Diversificación entre entidades. ¿Que cae el sistema eléctrico y los cajeros se mueren por un tiempo? Fondo de emergencias en metálico.
Por ahí iba mi mente, funcionando como en una partida de ajedrez, cuando reflexionaba sobre la deriva europea, las políticas de impresión monetaria y la deuda bestial de las naciones, la inflación, el nivelito de la clase política que mueve las cosas, el incremento del Estado que todo lo ve… y ahí mi juego empezó a hacer agua.
Todas estas reflexiones me llevaron a explorar otros caminos. ¿Cómo buscar una alternativa financiera que proteja de la inflación parte de mi capital, que a la vez sea capaz de evitar una posible expropiación forzosa y que sea independiente de las decisiones políticas europeas?
Esas preguntas me llevaron a Bitcoin. Inicialmente como puro juego especulativo y como curiosidad tecnológica, poco a poco fui dándome cuenta de que este invento podría ser la respuesta a algunas de las preguntas que me había estado haciendo durante este tiempo, y ahí comenzó el camino que me ha llevado a descubrir la idoneidad de crear un fondo de emergencias familiar en Bitcoin.
Al igual que el fondo de emergencias tradicional que la buena educación financiera nos recomienda a todos, este otro fondo que comencé a construir hace ya varios años tiene como misión ofrecer a mi familia un Plan B que nos permita mantenernos en pie un tiempo hasta rehacernos de un golpe vital fuerte.
Siendo un sistema independiente de naciones, políticos, bancos centrales, no confiscable, portable entre fronteras, compartible anónimamente con tus hijos o con quien quieras, cumple con una serie de características que lo hacen muy atractivo para justo eso: ser un posible Plan B del que tirar cuando algunas cosas se tuerzan a lo bestia o simplemente para abrir nuevas posibilidades en el futuro.
¿Y esto es para todos? Bueno, creo que no todo el mundo tiene la entereza para aguantar los vaivenes del precio que Bitcoin muestra en el corto plazo. Y también es cierto que la curva de aprendizaje para comprar y autocustodiarlo es alta: requiere tiempo y ganas, como todo lo que vale la pena en la vida.
Sin embargo, ¿no piensas que es sensato destinar una pequeña parte de tu ahorro, aunque sea algo simbólico, a un sistema alternativo a ese en el que tienes puesta toda tu vida? Yo creo que sí.
¿Cómo lo hago yo? Desde que descubrí este mundo, allá por 2021, no he hecho nada estrambótico: primero, leer y aprender sobre ello; luego, ir haciendo pequeñas compras cuando tenía posibilidad y dinero disponible. Sin mirar mucho a la evolución del precio, sin jugar a adivinar el momento adecuado, simplemente aportando cuando he podido y siendo consciente de que es algo para el futuro y no para ahora: algo que te aporta resiliencia, no un activo para hacerme rico rápido.
Para mí Bitcoin no sustituye el fondo de emergencias tradicional, ni mucho menos; lo complementa. Y al igual que el fondo de emergencias en euros, tal vez nunca lo necesite usar (¡eso no sería un mal escenario!), pero eso es justamente lo que define un fondo de emergencias: esperas no usarlo, pero agradeces tenerlo si lo necesitas.
Además, ¿quién sabe? Si Bitcoin no desaparece y sigue creciendo, si sigue siendo adoptado por instituciones y naciones, puede incluso terminar siendo un activo extremadamente relevante en la economía de nuestros hijos. Dada la naturaleza limitada de Bitcoin (no se pueden imprimir bitcoins más allá de los 21 millones que hay programados) ¿quién sabe cuánto pueden llegar a valer unos céntimos de Bitcoin que decidas comprar o dejar a tus hijos? Muera esto o no, me gusta pensar que estoy dando una pequeña oportunidad a un sistema financiero alternativo, más libre y menos controlado.
Obviamente, esto es mi opinión y no un consejo de inversión, pero quería compartirlo contigo para invitar a reflexionar. Cada familia tiene una forma de ver las cosas, una forma de tomar decisiones. Lo que para mí ha sido interesante es abrir la mente a una alternativa a un sistema que cada vez es más obvio que tiene fisuras y, en definitiva, buscar una posible red de seguridad ante la rotura de ese sistema. Porque eso es lo que hacemos los padres: anticiparnos a posibles amenazas para proteger a los nuestros en la medida de nuestras capacidades.