Psicología de la inversión
Básico

El ahorrador-inversor frente a los ciclos del mercado

¿Cómo hacemos para invertir en las caídas y no comprar en las subidas?

¿Cómo hacemos para invertir en las caídas y no comprar en las subidas? Esta es la pregunta que todo ahorrador-inversor debe hacerse cada vez que vaya a comprar o vender un activo financiero, puesto que el comportamiento opuesto (comprar en las subidas y vender en las caídas), es lo habitual y lo que más daño hace a la rentabilidad a largo plazo de nuestras carteras.

Aunque es prácticamente imposible acertar si estamos en el máximo o en el mínimo del ciclo (porque son puntos de inflexión y por tanto no de equilibrio ni duraderos) sí es posible saber cuándo el mercado está cerca de un punto álgido o de un punto mínimo.

No se trata de predecir lo que va a hacer la economía a nivel macro, puesto que eso es muy difícil de hacer puntualmente y prácticamente imposible hacerlo de forma constante y consistente.

Aunque, como bien expone Howard Marks en su último libro Mastering the Market Cycle (2018), no es fácil identificar en qué punto del ciclo estamos, si en la subida o en la bajada, es importante tratar de saber si estamos cerca de un máximo o de un mínimo, especialmente en los casos extremos de euforia y pánico.

Los ciclos económicos tienen un importante factor psicológico que hace que no puedan ser predichos. También la aleatoriedad juega un papel nada desdeñable.

Partimos de la premisa de que en el mundo de la inversión es fácil obtener la rentabilidad media del mercado. Basta con indexarse. Lo difícil es batir al mercado. Para ello es necesario predecir correctamente las desviaciones sobre la tendencia a largo plazo más que los ciclos a corto plazo.

Las personas tratan de predecir la variación a corto plazo como fuente de beneficios, pero muy poca gente logra predecir de forma consistente y correctamente las desviaciones importantes sobre la tendencia a largo plazo.

Los cambios en el estado de ánimo tienen una importante influencia en el ciclo económico y de los beneficios empresariales y son parte esencial en las caídas y subidas, especialmente en el corto plazo.

Sirva como ejemplo el comportamiento del índice americano S&P 500 durante el periodo 1970 a 2016. Su rentabilidad osciló entre el -37 % y el 37 % siendo el retorno medio anual del 10 %. Sin embargo, solo tres veces en 47 años el retorno anual estuvo dentro del 2 % normal (en la franja 8 % – 12 %). El 25 % de las veces, el retorno se separó un 20 % de la media: del -10 % hasta +30 %. Por tanto, ¡el retorno medio no es la norma!

Sabemos por los estudios en comportamiento que cuando el mundo va bien y el mercado sube, los inversores están predispuestos a las buenas noticias y a comprar activos que se aprecian, asumiendo riesgos elevados. Por el contrario, cuando las cosas se tuercen, tienden a rechazar incluso proyecciones razonables y evitan comprar porque los precios están bajando (cuando paradójicamente eso hace que los activos estén baratos).

El inversor que destaca sobre la media es maduro, analítico, objetivo e impasible. Analiza los fundamentales de la inversión así como el entorno inversor. Calcula el valor intrínseco del activo y lo compra con descuento.

La mayoría de inversores oscila entre la codicia cuando son optimistas y el miedo cuando son pesimistas, cambian de estado de ánimo en el momento erróneo: cuando los precios suben y las noticias son positivas, se vuelven codiciosos y cuando las malas noticias hacen que los precios caigan, se vuelven miedosos. Esto explica también el comportamiento de los mercados. Los inversores excepcionales permanecen impasibles ante estos cambios anímicos y de comportamiento.

Podemos pensar en el riesgo como la incertidumbre en relación con acontecimientos futuros y la posibilidad de resultados negativos como consecuencia de ello. Por tanto, la manera como afrontamos y gestionamos el riesgo es un factor fundamental para tener éxito en la inversión. El lugar más peligroso de la curva es cuando la aversión al riesgo es menor y el optimismo máximo. Parafraseando a Warren Buffett: «Cuanta menor prudencia observemos a nuestro alrededor, mayor debe ser la prudencia con la que gestionemos nuestras inversiones».

Cuando llega el pánico, la exagerada aversión al riesgo hace que los precios caigan a niveles en los que mayores caídas son improbables, por lo que el riesgo de pérdida es mínimo. Así como lo más arriesgado es pensar que no hay riesgo, el momento más seguro para comprar es cuando todos a nuestro alrededor están convencidos de que no hay esperanza. Por eso lo más importante es entender cómo piensan los inversores sobre el riesgo y cómo lo gestionan.

¿Cuál es el punto más alto del ciclo? Es el punto de máxima euforia, máxima disponibilidad de crédito, mayor precio, menor potencial de rendimiento y mayor riesgo. El más bajo, aquel en el que ocurre exactamente lo opuesto.

Obviamente estos extremos tienen poco que ver con lo que llamamos fundamentales, es decir, las ganancias, cash flows y perspectivas a futuro de ambas, que deberían guiar a los mercados y reflejarse en el precio de los activos.

¿Qué es, entonces, lo que hace que los precios de los activos se desvíen de sus fundamentales? La psicología, es decir los niveles de optimismo y actitud hacia el riesgo que determinan cómo los inversores valoran e interpretan dichos fundamentales.

Estos son los elementos más influyentes:

  • la forma en que los inversores se dejan arrastras por sus emociones, en lugar de pensar siempre de manera racional;
  • la tendencia de los inversores a tener puntos de vista distorsionados de lo que pasa;
  • el sesgo de confirmación: hace que las personas acepten la evidencia que confirma su tesis y rechacen aquellas que no lo hacen;
  • el sesgo de aversión a las pérdidas, por el que valoran más 1€ perdido que 1€ ganado;
  • el efecto manada, que supone sucumbir a la presión de hacer lo que hace la mayoría por miedo a perderse la subida;
  • la ingenuidad del inversor que en la subidas se cree las historias de potenciales ganancias y su excesivo escepticismo que en las bajadas le hace rechazar cualquier posibilidad de ganancias;
  • la variación en nuestra tolerancia al riesgo;
  • la tendencia a evitar inversiones que no sean populares o exitosas;
  • la inversión tiene que ver con el dinero que conlleva reacciones potentes como la codicia, la envidia y el miedo a la pérdida.

 

No podemos esperar al punto más bajo del ciclo para empezar a comprar porque, sencillamente, nadie puede identificar a priori cuándo se da esa circunstancia, pero sí podemos comprar durante las caídas cuando el precio está por debajo del valor intrínseco de ese activo. ¿Y si el precio continúa bajando? compra más! Los precios en caídas son buenos para los compradores.

Si la lectura anterior deja en el lector la duda de si es capaz de identificar la tendencia del ciclo y su propia capacidad de actuar en base a ello (comprando cuando la mayoría vende y vendiendo cuando la mayoría compra), siempre tiene una sencilla alternativa: invertir en los índices y olvidarse, su resultado será igual que el del mercado, ni más ni menos.

Otra opción es, en función de su grado de confianza, dedicar una parte de su ahorro disponible para la inversión a gestionar el ciclo y las emociones y el resto a gestión pasiva; la proporción la determina cada uno en base a su historia como ahorrador/inversor y a su propio conocimiento de sí mismo.

Normalmente, un observador objetivo puede darse cuenta con facilidad de los extremos de mercado, el problema es que a ellos se llega, precisamente, porque la mayoría de inversores se mueven en la misma dirección (comportamiento de rebaño) Y es difícil escapar a ello.

Siendo el riesgo el elemento más importante a la hora de invertir, el riesgo es alto cuando los inversores lo perciben como bajo y eso es precisamente el mayor riesgo al que nos enfrentamos como inversores: creer que no hay riesgo. En ese momento, cuando la mayoría de inversores piensa así, es el mayor presagio de las grandes caídas que están por venir.

Por el contrario, cuando todo el mundo es negativo, una excesiva aversión al riesgo hará que los precios sean los más bajos posibles, siendo improbable más perdidas, y por tanto siendo el riesgo de pérdida mínimo partir de entonces. Ese es el momento más seguro para invertir, cuando todos alrededor están convencidos de que no hay esperanza.

Lo que esperamos con este artículo es haber dado los criterios necesarios tanto para evitar vender, presa del pánico, en los mínimos de mercado (fase de máximo pesimismo) como para evitar comprar en los máximos del mercado, víctima de la euforia (fase de máximo optimismo).

«Comprar cuando los demás están vendiendo con desaliento y vender cuando otros están comprando ávidamente requiere la mayor fortaleza y paga la mayor recompensa». Sir John Templeton

 

BIBLIOGRAFÍA

Mastering the Market Cycle: Getting the Odds on Your Side, Howard Marks (2018).

The Most Important Thing, Howard Marks (2011).

 

Foto de abdullah. en Pexels

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