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Martín Huete 23 Abr '20 · 4 minutos Clases de activos financieros Uno de los grandes arcanos de la literatura de la gestión de activos no es tanto entender qué clases de activos financieros existen, sino en cuáles, en qué proporción, en qué zonas geográficas, y en qué momento estar en cada uno de ellos.

Uno de los grandes arcanos de la literatura de la gestión de activos no es tanto entender qué clases de activos financieros existen, sino en cuáles, en qué proporción, en qué zonas geográficas, y en qué momento estar en cada uno de ellos.

Comentemos primero las tres características principales que mejor definen a los activos financieros.

Liquidez

La liquidez es la capacidad de transformar el activo en dinero sin sufrir pérdidas. El dinero es el activo más líquido; después de él tendemos los diferentes tipos de depósitos y productos como bonos, fondos públicos u obligaciones. También se puede definir la liquidez de un activo financiero como la capacidad de transformar el activo en dinero en un plazo de tiempo corto, sin que se afecte la rentabilidad y sin que este intercambio derive en pérdidas. Dicho de otra forma, la liquidez sería la capacidad de obtener una venta rápida y efectiva.

Riesgo

El riesgo lo determinan tanto las garantías que ofrece el vendedor como su solvencia. A mayor probabilidad de que el vendedor cumpla con su compromiso, menor rentabilidad del activo. Así, el riesgo asociado a los activos financieros es la probabilidad de que el emisor no sea capaz de cumplir con las obligaciones contraídas con el comprador. Por ejemplo, el riesgo soberano sería el riesgo asociado a los títulos de deuda de un Estado. También podemos entender por riesgo de un activo financiero la probabilidad de que incurramos en perdidas si necesitamos vender ese activo en un determinado momento, debido a la volatilidad (entendida como variación en lo precios) de ese activo.

Rentabilidad

Como contraprestación por aceptar el riesgo de ceder su dinero, el comprador obtiene una rentabilidad, entendida como interés o como ganancia entre el precio de compra y venta de ese activo. Por lo general, a mayor rentabilidad, mayor riesgo asociado al activo. Cuando existe un bajo riesgo el emisor ofrece una menor rentabilidad; por el contrario, cuando existe un alto riesgo el emisor ofrece una alta rentabilidad con el fin de encontrar inversores que acepten ese mayor riesgo.

Tipos de activos financieros

Aunque puede haber multitud de clasificaciones, incluyendo o no derivados, materias primas, inmuebles, o vehículos de inversión colectivos, como pueden ser fondos de inversión, fondos de pensiones, seguros de ahorro, etc. (que lo que hacen es invertir en diferentes tipos de activos y zonas geográficas para facilitar la inversión a los ahorradores), he decidido hacer una clasificación sencilla y clásica —dinero líquido, renta fija y renta variable—para mayor facilidad de comprensión.

Dinero líquido

Dinero en circulación legal y dinero en bancos: depósitos bancarios, cuentas corrientes, cuentas de ahorro, etc… Actualmente los intereses que se reciben por estos depósitos o cuentas de ahorro son nulos. Aun así, en España existen más de 800.000 millones de euros en depósitos bancarios, reflejo de la falta de formación financiera que padece la sociedad española.

Renta fija

Los activos de renta fija son aquellos que emiten administraciones públicas, gobiernos o empresas. Los primeros se caracterizan por su menor riesgo, debido al gran respaldo financiero de las entidades que los emiten. Estas se comprometen a devolver el capital invertido al cabo de un período de tiempo previamente establecido y una cierta rentabilidad. Es importante entender que los activos de renta fija te dan una rentabilidad fija solo si llegas a vencimiento. En el transcurso del tiempo de la emisión puedes incurrir en perdidas reales si vendes la emisión, o en perdidas teóricas en su valoración, ya que la variación de los tipos de interés en el mercado a lo largo del periodo de la emisión afecta a su precio.

Renta variable

En este tipo de activos, cuyo principal ejemplo son las acciones, ni la rentabilidad ni la recuperación del capital invertido están garantizados, pudiendo incluso perderse la inversión o tardar mucho en recuperar lo invertido. Su rentabilidad depende de múltiples y diferentes factores como la evolución del negocio, la salud de la cuenta de resultados de la entidad, o la situación económica del mercado donde se opera. Existe infinidad de literatura al respecto, y uno de los grandes enigmas de la inversión es saber en qué empresa y en qué momento entrar o salir.

Cómo combinar los tipos de activos para invertir

Entendiendo que a mayor liquidez y menor riesgo se obtiene menos rentabilidad, y que si vis pacem para bellum (si quieres rentabilidad prepárate para la volatilidad), lo más importante para cualquier inversor es combinar estas clases de activos en una «cesta» o cartera adaptada a su aversión al riesgo y a su horizonte temporal. Lo más fácil para el común de los inversores es configurar una cesta de fondos muy diversificada por clases de activos y por zonas geográficas con las menores comisiones posibles. Euro que te ahorras en comisiones, euro que ganas en rentabilidad. Luego, hacer aportaciones periódicas a esa cesta con independencia de lo que hagan los mercados, tener paciencia, «ver crecer la hierba» y olvidarse del ruido de los mercados. Y dejar que la magia del interés compuesto trabaje por nosotros.



Photo by Mekht on Unsplash



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Comentarios



Jorge
Excelente articulo sobre activos financieros. Cómo analizar o que factores a tomar cuando uno quiere elegir un fondo de inversión con las múltiples operadoras que hay en el mercado?
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