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Jordi García Lorenzo 08 Feb '21 · 6 minutos Dinero, felicidad y filosofía Compramos cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, para impresionar a gente a la que no le importamos.

«Compramos cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, para impresionar a gente a la que no le importamos».

Parémonos a pensarlo detenidamente. ¿Qué es el dinero y qué papel juega en nuestra vida? ¿Hasta qué punto influye en nuestra felicidad y satisfacción? ¿Cuál es nuestra relación con este trocito de papel impreso?

Si lo vemos desde el prisma técnico, el dinero no es más que un mero número al que otorgamos valor como sociedad. Un número cada vez más digitalizado y menos físico. Una cifra en tu cuenta bancaria. Un dígito que recompensa a los que generan valor.

¿Cómo puede ser que un simple número acabe siendo la mayor fuente de preocupaciones para mucha gente o la mayor bendición para otros que valoran más la libertad?

Y no caigas en el hechicero error de pensar que si fueses rico todos tus problemas se resolverían por arte de magia y todo sería perfecto en un mundo paradisiaco happy flower de casoplones, cochazos, barcos y fiestas interminables. Tu mente inventaría nuevos problemas o se cansaría de los excesos.

Conozco gente a la que lo peor que le ha pasado es eso mismo: tener mucho dinero. Sin autocontrol, educación financiera básica o un vida plena y gratificante el dinero es un camino directo a la ruina financiera y personal. Como diría Gordon Gekko, el personaje de ficción de la película Wall Street (1987)«Un tonto y su dinero nunca aguantan mucho tiempo juntos».

El apetito hedonista del consumismo nunca se sacia, intentando buscar continuamente respuestas fútiles y superficiales a un problema interior.

Pero si estás leyendo esto, estás de enhorabuena. Hay una forma de vivir, disfrutando al máximo de los lujos que el dinero puede comprar, sin la necesidad de vivir en taparrabos alimentándonos a base de latas de atún y pan de molde. Una filosofía de vida de la que ya hablaban en la Antigüedad hace miles de años.

Para comprender la relación entre el dinero y la felicidad veremos dos curiosos fenómenos (I y II) y cuatro respuestas (A, B, C y D) para que la utilidad marginal de cada euro cuente.


I. Curva de satisfacción

Más es más hasta cierto punto; luego, más es menos.

Forma 


«La virtud se encuentra en el término medio», Aristóteles

Como prácticamente en todo en la vida, hay un punto óptimo. A partir de cierto nivel, gastar más dinero no te provocará mayor satisfacción, sino todo lo contrario. No está en nuestro código genético gestionar la abundancia actual.

Financieramente hablando, si conseguimos cubrir nuestras necesidades básicas (un techo y un plato sobre la mesa), comodidades para vivir más holgadamente e incluso algún lujo, el dinero nos hará más felices. Pero a partir de un punto (lo que es «suficiente») más cantidad empeorará nuestra satisfacción.

Piensa en el chocolate. Un bombón de vez en cuando tiene un efecto positivo. Nos resulta sabroso, segregamos saliva de placer, nos da un chute de energía y no engordamos demasiado. Pero si te comes veinte de golpe, notarás dolor de barriga, engordarás y ya no disfrutarás igual del siguiente. El dinero funciona de una forma similar.


II. Adaptación al hedonismo

La gasolina de la carrera de la rata

Imagen que contiene parado agua tren hombreDescripcin generada automticamente 

«No es pobre quien poco tiene, sino quien mucho desea», Séneca

«El deseo es un pacto que haces contigo mismo para ser infeliz hasta que lo consigues», Naval Ravikant

Vivimos en una época de sobreproducción. Se produce más cantidad de cosas de la que realmente necesitamos y podemos absorber. Los expertos de marketing y las redes sociales han conseguido conocerte a través de sofisticados algoritmos mejor de lo que te conoces a ti mismo para venderte sus productos.

La adaptación hedonista es un bucle consumista que mermará tu paz interior y felicidad. Los humanos somos infelices en gran parte por nuestra insaciabilidad. Después de trabajar duramente para conseguir lo que queremos, perdemos el interés de una forma rutinaria en lo que había sido objeto de nuestro deseo. En vez de sentirnos satisfechos, nos sentimos aburridos. Y como respuesta a ese aburrimiento, perseguimos nuevas y más grandes formas de deseo.

Vamos con las cuatro respuestas a los fenómenos:

Menos es más

«La contención es la riqueza natural; el lujo, la pobreza artificial», Sócrates

Las raíces latinas de la palabra frugal son: frug (que significa «virtud»), frux (que significa «fruto» o «valor») y frui (que significa «disfrutar» o «tener el derecho de uso»).

La frugalidad consiste en disfrutar al máximo el dinero y el tiempo invertido para obtener la virtud y no más (recuerda la curva de la satisfacción). También consiste en la vía negativa (encontrar lo verdaderamente esencial a través de la supresión y la eliminación de lo superfluo).


B) Alinear el dinero con nuestra personalidad

Para alinear el dinero con nuestros valores intrínsecos como persona, propongo tres ejercicios:

1) Ver el dinero como energía vitalUn ejemplo hipotético: si ganas 1.000 € al mes trabajando 40 horas a la semana y te compras un smartphone cuyo precio son 1.000 €, no te ha costado ese precio. Te ha costado 160 horas de tu apreciado y limitado tiempo, lo cual es mucho más valioso y escaso que el coste monetario del bien.

2) El dinero es un medio y no un fin. En mi caso, ahorro con estos fines concretos: obtener libertad financiera, tiempo para gastar en mí y tranquilidad frente a un futuro incierto. No gasto dinero con la necesidad de proyectar un estatus en una escala social imaginaria.

3) Cómo gastas el dinero te define como persona. Si te gusta invitar o regalar cosas a tus seres queridos, eres generoso. Si compras poco pero de mucha calidad, eres inteligente. Si no malgastas dinero tontamente, eres disciplinado. Si no compras para tratar de impresionar a los demás, tienes seguridad en ti mismo.


C) Renunciar a los lujos de vez en cuando

«Ser capaz de abstenerse y disfrutar de aquellos bienes cuya privación debilita a la mayoría, mientras su disfrute les hace abandonarse a ellos», Marco Aurelio

Nos acostumbramos demasiado rápido a lo bueno. Una vez que probamos lo cómodo y fácil, nos cuesta más volver a lo complicado. El problema reside en que para generar algo valioso necesitamos someternos a estresores tanto físicos como intelectuales, como diría el profesor Gregorio Luri; y, actualmente, prevalecen la gratificación instantánea y los lujos obtenidos sin esfuerzo en prácticamente todas las áreas de nuestra vida. Como dice el refranero español: «Quien algo quiere, algo le cuesta».

Para no apegarnos a los lujos y la comodidad, sería interesante renunciar a ellos de vez en cuando. Algunas formas hacerlo: practicar deporte intenso, duchas de agua fría, ayunos estratégicos, desconectar de redes sociales y smartphone algún día la semana... Todos ellos han probado ser beneficios para tu salud, tanto física como psicológica.

La clave está en no volvernos dependientes de los lujos y en controlarlos nosotros mismos, en vez de ellos a nosotros.


D) La definición de riqueza

Finalmente, no conviene olvidar estas dos definiciones de la riqueza de dos de los pensadores que más admiro.

«La verdadera riqueza consiste en dormir sin preocupaciones, tener la conciencia tranquila, practicar la gratitud recíproca, vivir sin envidias, tener buen apetito, fortaleza muscular y energía física, reírse con frecuencia, no comer solo, no ir a clases de gimnasio, realizar algún trabajo (o pasatiempo) físico, no visitar salas de reuniones, ir bien de vientre y recibir alguna que otra sorpresa periódica». Nassim Taleb

«Un cuerpo en forma. Una casa llena de amor. Una mente en calma. Estas tres cosas no pueden ser compradas. Necesitan ser adquiridas». Naval Ravikant 

Esto es todo por mi parte.

Espero haberte ayudado a reflexionar, aunque sea un poco, sobre el poder que tiene el dinero de cambiar nuestras vidas (tanto para bien como para mal).

 


Foto de Tatiana Syrikova en Pexels



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