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Quiet Investment 28 Nov '17 · 5 minutos El incómodo significado del ahorro El ahorro no ha sido jamás el rey de la popularidad.
El ahorro no ha sido jamás el rey de la popularidad. Ni es previsible que lo vaya a ser en el futuro. No obstante, constituye el inexorable paso previo del proceso inversor. De la misma manera que antes de iniciar un viaje debemos preparar las maletas y realizar a veces una larga y tediosa serie de preliminares, como comprar los billetes de avión o reservar el hotel, también antes de invertir debemos acumular “recursos.”

EL PRIMER SIGNIFICADO DEL AHORRO: LA MOLESTIA

La preparación de unas vacaciones puede ser muy engorrosa. Los trámites son molestos, incómodos. En ocasiones hasta estresantes. Para más inri la buena planificación del período de descanso tampoco garantiza que la anhelada fase de ociosidad resulte provechosa. Todos o casi todos hemos experimentado al menos una vez en la vida un episodio de “vacaciones desastre.” Sin embargo, es también cierto que a pesar de todos los sinsabores emprendemos nuestra tarea “ahorrativa-vacacional” presos de grandes ilusiones y esperanzas pues anhelamos un descanso que percibimos como merecido o, en todo caso, necesario.

Este es el primer significado profundo del ahorro: que molesta. Molesta porque en sí mismo ahorro y sacrificio son lo mismo. Esta ecuación, evidentemente, no resulta popular ya que los seres humanos tendemos a guiarnos más por el goce inmediato y limitado pero seguro que por el mayor disfrute futuro pero incierto. Además, es innata a la naturaleza humana la ley de la preferencia temporal, es decir, que a igualdad de circunstancias o condiciones preferimos algo ahora que mañana. Para doblegar nuestra voluntad y postergar el presente (que ya está aquí) a los pies del futuro (que es incierto y aún no ha llegado) es necesario que el porvenir que se nos promete resulte mejor que el presente del cual podemos ya disponer inmediatamente. Ese “mejor” puede ser “un poco mejor” o “simplemente mejor” o “bastante mejor” según valoremos el ahora con más o menos intensidad que el después.

EL SEGUNDO SIGNIFICADO DEL AHORRO: GASTAR MENOS DE LO QUE SE INGRESA

Es probable, por otro lado, que recuerde cómo en su rol de nieto sus abuelos le transferían cierta cantidad de dinero en metálico, siempre en actitud cómplice y no pocas veces a espaldas de los progenitores, acompañada del clásico consejo “abuelil”, recomendación universal de sentido común, que rezaba “pero no te lo gastes todo” y a veces, en casos más extremos, de un simple y directo “pero no te lo gastes.” Este es el segundo significado profundo del ahorro: gastar menos de lo que se ingresa.

 Es sabido que la mayor parte de los economistas han obviado, cuando no despreciado, estas sabias y venerables advertencias de nuestros mayores. Es comprensible que haya sido así pues quien en la esfera pública adopta las decisiones de gasto es el político. No parece lógico que vaya a contratar como consejero a quien le susurra incómodamente al oído “no gastes” cuando la elección y la posterior reelección deben mucho al gasto público.

TERCER SIGNIFICADO DEL AHORRO: EL FASTIDIO

Suele ser habitual, ya en la esfera privada, las explicaciones “cuantitativas” acerca del ahorro, esto es, enfocadas en la cantidad apropiada de recursos a economizar o no gastar en el presente para hacerlo en el futuro. En tales casos se sugieren cantidades fijas o flexibles que deben ser salvaguardadas y que es frecuente que se expresen en porcentaje en relación a un determinado nivel de ingresos. Esta perspectiva numérica es interesante a nivel práctico pero ignora el tercer significado relevante del ahorro, significado de índole plenamente cualitativo.

 Así, lo que realmente significa el ahorro no es ni más ni menos que lo que comúnmente denominamos “fastidiarse.” El fastidio resulta increíblemente perceptible cuando su cuñado se va de vacaciones y usted no. O cuando sus amigos salen de cena y usted se queda en casa. O cuando su vecino compra un nuevo coche y usted sigue con el mismo de siempre, que para más inri ya tiene diez años y varios rayazos.

EL ENEMIGO OCULTO DEL AHORRO

Todo lo anterior constituye el verdadero núcleo duro del ahorro. “Fastidiarse” cuando las personas que te rodean se permiten realizar actividades o tomar decisiones de gasto al tiempo que el ahorrador renuncia a ellas. De este elemento cualitativo del término ahorro, tan poco mencionado por los asesores fiscales, se extrae a su vez el principal enemigo acérrimo de la actividad ahorrativa. Aparentemente tal adversario del ahorro es el gasto. Pero el gasto en sí no supone más que una formulación algebraica. Detrás del gasto, entre bastidores, se encuentra el verdadero rival a muerte del ahorro: el estatus.

Así, es dudoso que sea el dinero, el poder o el sexo lo que mueva el mundo. Estos tres compañeros de viaje no constituyen en realidad fines sino meros instrumentos de un propósito superior ante cuyo altar los mortales sacrificarán casi todo. Este Señor Moriarty, oculto en la sombra, ha sido, es y seguirá siendo siempre el estatus. Es decir, la imagen que transmitimos de nosotros mismos a los demás. La opinión que los otros tienen de uno es el verdadero leit motiv del consumo. 

No se adquiere un BMW tanto para ir del punto A al punto B como para que los demás vean que circulas en un BMW, independientemente de si vas de A a B o de B a A. La mayor parte de los usuarios de los teléfonos inteligentes usan una cantidad realmente limitada de toda la potencialidad de ese aparato. Tanto les serviría un android como un iphone. Pero no causa la misma impresión contestar a los whatsapps delante de tus amigos con un iphone que con un wiko al margen de que en verdad y para la mayoría de nosotros cualquier dispositivo móvil nos ofrezca las funciones que vamos a utilizar el 99% del tiempo.

 Al final, nunca es el gasto en sí lo que proporciona el mayor placer a las personas sino el que los demás vean que gastas y, sobre todo, que puedes gastar. El goce real del consumo no es lo consumido sino la exhibición de lo consumido ante terceros.

AHORRAR NO ES INVERTIR

A pesar del nivel de generalización que conllevan las afirmaciones anteriores lo cierto es que muchas personas sí ahorran. Pero ahorrar no es lo mismo que invertir. El ahorro supone sacrificio y dolor porque implica renuncia inmediata a muchas cosas que posiblemente deseemos ahora. Invertir, en cambio, alude a un proceso mediante el cual pretendemos transformar lo ahorrado en algo más. Verdad es que todo ahorro supone a su vez un proceso, entendido como sucesión de actos en el tiempo, pero metafóricamente hablando la inversión tiene más de camino y ruta mientras que el ahorro se asemeja a un estado de cosas.

La inversión, eso sí, presupone el ahorro. Éste se configura como una condición necesaria de aquél de tal forma que, en puridad, no es posible invertir sin previamente haber ahorrado, esto es, haber hecho acopio de excedentes. Ahorrar no implica, pues, invertir. Pero invertir sí implica ahorrar. Nos referimos, naturalmente, al caso donde el inversor ahorra e invierte lo que le pertenece y no lo de terceros, bien por mandato de gestión bien por haberlo tomado a préstamo.

Por tanto, la primera lección a tomar en las turbulentas aguas financieras no es otra que evitar la muy habitual confusión entre ahorro e inversión porque recuerde siempre que si bien todo inversor es un ahorrador no todo ahorrador es un inversor.


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