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Alicia Rueda 14 Ene '20 · 7 minutos Hazlo por ti; si no, hazlo por tus hijos Lo primero que tendemos a pensar es que no nos llega el dinero a fin de mes y que no podemos ahorrar ese dinero para invertirlo, por lo que llegamos a asociarlo con una actividad “de ricos”. Nada más lejos de la realidad. Al contrario, si no llegas a fin de mes con más motivo para empezar a ahorrar.

No hace mucho en una conversación informal entre conocidos alguien que sabía de mi profesión me dijo: “Cuando sea rico te dejaré mi dinero para que lo trabajes”.

Se me pasaron muchas cosas por la cabeza, pero me quedé en silencio…

Por desgracia pensar en “empezar a invertir cuando se tenga ahorro” a pesar de ser un pensamiento muy común, es un gran error.

Este error impedirá que nunca llegues a experimentar la magia del interés compuesto, que no es más que la palanca del tiempo sobre tus inversiones, una palanca que puede hacer que veas tu propio capital multiplicándose en el tiempo.

Uno tiende a dejar lo propio para después, por lo que a veces nunca llegamos a ejecutar estos planes que siempre acabamos postergando, pero cuando tenemos hijos sí nos preocupamos de darles lo que no tenemos, y en este post voy a tratar de explicar lo que podemos conseguir para ellos con tan sólo 100 euros de ahorro al mes.

Lo primero que tendemos a pensar es que no nos llega el dinero a fin de mes y que no podemos ahorrar ese dinero para invertirlo, por lo que llegamos a asociarlo con una actividad “de ricos”. Nada más lejos de la realidad. Al contrario, si no llegas a fin de mes con más motivo para empezar a ahorrar. Estaremos comprando algo que no tiene precio: tranquilidad.

Normalmente adaptamos el nivel de gasto al nivel de ingresos familiar. Cualquiera puede empezar a trabajar su dinero desde 1 euro, así que el nivel de tus ingresos es lo de menos. Solo depende de que realmente quieras hacerlo, tu compromiso es clave. Una primera referencia que puedes utilizar es ahorrar el 5% de los ingresos familiares y sacar ese dinero tan pronto cobres la nómina, así te garantizas que no lo gastarás, sino que lo invertirás en tu futuro, o en el de tus hijos.

Pensemos en una pareja con un bebé, entre los dos ganan 2.000 euros al mes, y deciden realizar una planificación financiera para su bebé de forma que todos los meses van a aportar 100 euros en una inversión financiera diversificada que les permite acumular capital sin erosión fiscal (lo cual ya adelantamos se puede conseguir en un fondo de inversión, el mejor vehículo para invertir a largo plazo).

Como la inversión es (y siempre debe ser) a largo plazo, lo más interesante es que se contrate un fondo de inversión mixto o de renta variable, y si es global mejor, ya que estaremos más diversificados.

Esto quiere decir que, sin ser Amancio Ortega, ni Mark Zuckerberg, podremos crecer como lo hacen ellos a través de sus empresas, y podemos hacerlo desde 1 euro, comprando éstas y otras grandes empresas como Amazon, Google, Netflix, Danone, PayPal, Airbus, Disney… ¿Imaginas poder comprar todas estas empresas desde 1 euro? Eso es posible a través de un único vehículo de inversión, y además cuenta con la ventaja añadida de que, si la perspectiva de crecimiento de alguna de estas empresas cambia, hay un profesional cuidando la cartera con potestad para hacer cambios en ella sin que tú tengas que hacer nada.

Si te da miedo el futuro de estas empresas, o de la economía en general, piensa cómo crees que puede ser el mundo dentro de 20 años: ¿Involucionaremos? ¿Estaremos peor que ahora? ¿Volveremos a la Era de las Cavernas?... ¿O por el contrario entraremos en la Era de la Robótica, de la Inteligencia Artificial, de los coches autónomos…?

Si piensas que evolucionaremos hacia algo mejor no tiene sentido pensar que si compras las “acciones representativas de la economía mundial” puedas perder dinero con ellas a largo plazo.

En una opción como ésta se puede aspirar a ganar un 8% de rentabilidad media anual. Aportando 100 euros al mes en este vehículo de inversión tenemos que cuando nuestro bebé cumpla 20 años tendrá ahorrado 60.000 euros, de los cuales 24.200 habrán sido aportaciones de capital, y los 35.700 euros restantes, beneficios de la inversión, es decir, que habremos ganado un 147% con nuestra inversión.


Puede parecer mucho, pero no lo es si pensamos que en 10 años Apple se ha revalorizado un 1.000% o que la media de las 500 empresas más importantes del mercado americano (el índice S&P500) se ha revalorizado en 10 años un 220% y en 20 años, si hubiéramos invertido justo antes de una de las crisis más importantes de mercado, la de las punto com, y a pesar de haber sufrido más tarde la crisis de las subprime, hubiéramos ganado un 135%.

Lo mejor de todo es que si nuestro bebé con sus 20 años cumplidos decide no gastar esos 60.000 euros y seguir aportando 100 euros al mes durante 30 años más, con 52 años habría alcanzado el millón de euros, como podemos ver en este gráfico:

 


El efecto del interés compuesto, que es mayor con el tiempo, se ve reflejado en la curva naranja que crece exponencialmente con el tiempo, y es el resultado de la reinversión continuada de los beneficios a la misma tasa o rentabilidad estimada en nuestro estudio.

Hay que tener en cuenta que la rentabilidad estimada del 8% es una media, y que la rentabilidad real va a tener cierta dispersión sobre la media, que podría quedar representada en la línea verde, a través de la cual podemos observar que a corto plazo se puede incurrir en pérdidas de capital, pero a largo plazo la inversión en renta variable cuando ésta es global y está diversificada, compensa y con creces.

Si la alternativa es ahorrar dejando el dinero invertido al 0% (en cuenta corriente o “en un calcetín”) lo que tendremos seguro es una depreciación de nuestro capital igual a la inflación, lo cual quiere decir que la pérdida de poder adquisitivo en 20 años sería de entorno al 33%, teniendo en cuenta que el objetivo de inflación de los bancos centrales está en el 2% anual.

La pregunta es: ¿estás dispuesto a ser lo suficientemente paciente y disciplinado como para poner en práctica un plan de ahorro a tus hijos y enseñarles la importancia de destinar una parte de sus ahorros a la inversión del mismo modo que les enseñas a cómo defenderse en otros ámbitos de la vida?

El fin nunca es el dinero en sí, el fin es comprar tranquilidad ante cualquier imprevisto, enfermedad, o necesidad planificada o no de antemano.

Y lo mejor de todo es que esta posibilidad está al alcance de cualquiera. Tan solo hay que saber subirse a las grandes ideas de los que sí saben crear valor, invertir con ellos y esperar a que el tiempo revalorice sus inversiones, que también serán las tuyas.

Pero ¿cómo hacer esto de forma que nuestra apuesta sea ganadora en el largo plazo?

La clave está en varios puntos:

  1. La diversificación: nunca debemos apostar a un único caballo ganador. Hay que invertir de forma diversificada y global.
  2. Optimización de los gastos en las inversiones: es fundamental, ya que a mayores gastos menor rentabilidad. Así que deberíamos desechar cualquier vehículo que supusiera una merma en nuestra inversión, bien por costes de transacción o bien por costes fiscales, en la medida en que éstos se puedan optimizar.
  3. El tiempo: las cosas no suceden de la noche a la mañana, necesitan un proceso de maduración, y las inversiones también. Con paciencia y con tiempo, el valor de tus inversiones irá creciendo y exponencialmente con el plazo de inversión por el efecto de interés compuesto.
  4. Aportaciones periódicas: pequeñas aportaciones periódicas en inversiones productivas a lo largo del tiempo pueden suponer un trampolín importante para la consecución de tu objetivo financiero.
  5. Liquidez: Por si acaso, conviene tener siempre la posibilidad de generar liquidez en cualquier momento con el menor coste operativo y, si se puede, fiscal.

Y si unimos diversificación, optimización en costes operativos y fiscales, posibilidad de realizar aportaciones periódicas por pequeñas que sean, que las inversiones puedan ser por tiempo indefinido pero que me permitan generar liquidez al menor coste posible, todo esto nos lleva a la gran estrella que es “el fondo de inversión” como vehículo de inversión.

Obviamente no sirve cualquier fondo de inversión, conviene optimizar la selección de este vehículo, pero en términos generales entrar en un fondo que invierta en “el mundo” va a ser un acierto.

Y es que no sabemos cómo viviremos dentro de 30 años, pero sabemos que el mundo va a ser muy diferente, con vehículos autónomos, la robótica y la inteligencia artificial instaurada en nuestras casas y en nuestro día a día.

Así pues, si el mundo sigue en evolución y no va a la involución, independientemente de las crisis económicas que pueda haber en el camino y que forman parte del crecimiento, sabemos que a largo plazo las economías van a seguir avanzando, y que las nuevas tecnologías van a revolucionar nuestro modo de vida, por lo que el crecimiento en según qué empresas puede ser exponencial, como ya hemos visto con la revolución tecnológica y digital (Facebook, Apple, Amazon, Netflix…).

Pero este hecho es que los grandes avances en robótica e inteligencia artificial no quedarán circunscritos a un único ámbito sectorial, sino que será transversal e impactará en todos los sectores y estará presente en los hábitos cotidianos de nuestra vida, así como nuestros padres y abuelos usan el WhastApp. 

Por lo tanto, ahora más que nunca hay una oportunidad de ir sembrando y trabajando nuestro ahorro para, en un tiempo determinado, comprar la tranquilidad económica que a todos nos gustaría tener.

La elección de un fondo global y flexible con un buen track record puede ser una buena opción y en su defecto uno puede generar su propia cartera diversificada.





Photo by Ben Wicks on Unsplash



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