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Alvaro Martín · SFL 05 Feb '18 · 2 minutos La importancia del capital Una reflexión sobre la teoría del capital de la Escuela Austriaca.
    En los tiempos que vivimos, pero sobre todo que hemos vivido recientemente, el keynesianismo se ha planteado como una “política milagro” en respuesta a los problemas económicos que surgieron durante la pasada década. Todas las ruedas de prensa y conferencias ofrecidas por burócratas amantes del gasto público y de las inyecciones de liquidez me hicieron recordar cierto día el debate en 1930 en la LSE entre John Maynard Keynes y Friedrich Hayek sobre la función del capital en la economía. Keynes, como siempre, argumentaba que la importancia residía en el stock de capital de la economía. Proponía que se debía estimular el gasto en bienes de consumo, para así incentivar la reinversión de capital en estos mismos productos, supuestamente generando empleo y expansión económica en el medio plazo. Hayek; uno de los principales representantes de la Escuela Austriaca a lo largo de la historia, reprochaba a Keynes que no se prestaba suficiente atención a la función natural del capital en la economía. Cuando Hayek hablaba de capital, siempre se refería tanto a capital fijo como variable, es decir, infraestructura y maquinaria al igual que recursos naturales… y por supuesto aquí hacía una diferenciación para incluir también el capital humano. Hayek creía que el nivel de capital en una economía no se podía medir simplemente en términos de “stock”, o de capacidad productiva, sino que se basa en una estructura mucho más compleja formada por varios elementos que se correlacionan intrínsecamente entre ellos para formar la totalidad del capital productivo de una empresa o país. 

    Un incremento del gasto publico para “estimular” la demanda interna e incrementar el ritmo de la creación de capital nunca funciona, ha funcionado o funcionará, ya que los recursos que se extraen de la población para financiar estos estímulos tienen un claro coste de oportunidad, y es que estos mismos podrían estar siendo empleados para fines mucho más eficientes y acordes a la realidad del mercado; como por ejemplo la consumición de otros bienes, inversión o incluso simplemente ahorro en depósitos. Por lo tanto, a través de estos estímulos lo único que se consigue es desligar el patrón de producción del patrón de consumo, generando una asignación ineficiente de recursos. Hemos visto infinidad de casos reales que apoyan la teoría del capital de la Escuela Austriaca o simplemente la obviedad del fracaso de los estímulos de gasto e inyecciones de liquidez, como por ejemplo la burbuja de las “puntocom” o la crisis financiera del 2008. En ambos casos, los gobiernos y los bancos centrales previnieron las necesarias correcciones del mercado que deberían haber ocurrido con anterioridad, habiendo evitado shocks tan duros como los que vivimos.

    Uno de los principales teóricos sobre el capital de la Escuela Austriaca fue Böhm-Bawerk, que, siguiendo los pasos de Carl Menger, escribió tres volúmenes en los que elabora un estudio sobre el capital y el interés, relacionándolos entre ellos y contribuyendo enormemente a la teoría austriaca del capital. Böhm-Bawerk allanó el camino para todos los austriacos posteriores que dedicaron parte de su vida al estudio del capital, como el ya antes mencionado Hayek o Israel Kizner. La idea principal de todos estos teóricos es que el periodo de producción es mucho más extenso de lo que los economistas ortodoxos creen. Böhm-Bawerk, en su traducción al inglés, definía el proceso de producción como roundabout, algo que se podría interpretar como un proceso indirecto de producción en español. Un ejemplo claro puede ser como hoy en día, en vez de producir nosotros mismos nuestros lápices, los compramos en papelerías, que a su vez se los han adquirido de fábricas que emplean complejísimos procesos de producción y cuentan con una intensa división del empleo y una gran internacionalización de la cadena productiva, conllevando a mayor eficiencia en el mercado y mejores precios para los consumidores.

    Actualmente, casi todos los procesos de producción son indirectos y están mayoritariamente internacionalizados, ya que son mucho más productivos y generan un mayor margen de beneficio, tanto para la empresa productora como para el resto de agentes económicos participes de la cadena productiva, incluidos los consumidores. Adam Smith y Henry Ford, los padres teóricos y prácticos, respectivamente, de la división del empleo, estarían orgullosos de el modelo económico actual predominante, donde cada proceso productivo hace cambiar el capital de manos cientos e incluso miles de veces a través de secuencias dentro de la cadena productiva hasta finalizar el producto. Con esto, podemos decir que se ha creado una estructura temporal alrededor de la estructura de capital del proceso productivo. 


    La estructura temporal del capital estudiada por la Escuela Austriaca va intrínseca en cualquier proceso productivo, pero no está completamente organizada de antemano, ya que siempre es parcialmente espontánea debido a que en parte es dependiente de las decisiones futuras de los consumidores en el mercado. Los empresarios, en un marco de competitividad y eficiencia en el mercado, siempre tratarán de innovar para ofrecer nuevos y mejores productos a sus consumidores a un menor precio, generando así una diferenciación de producto que les protegerá frente a futuras nuevas empresas del sector. Los empresarios que tengan esta visión deberán tratar de prever los gustos y deseos de los consumidores y adelantar se a su demanda, para lo cual deberán planificar los factores productivos (el capital) que van a ser empleados en el proceso productivo, combinándolos de manera eficiente para afrontar el menor coste posible, generando mayor margen de beneficios. La combinación del capital en estructuras tan complejas es el resultado muchas veces de la interacción en el mercado entre varios agentes económicos para tratar de llegar a la asignación de recursos más eficiente posible para ambas partes, algo que siempre se dificulta y a veces incluso se imposibilita por la intervención del Estado en la economía, a través de regulaciones sobre el mercado, subvenciones o intervenciones directas como impuestos o cuotas. La interacción dinámica de los agentes económicos en el mercado es lo que hace que surja espontáneamente y sin previa planificación, una estructura de capital; muchas veces internacionalizada, que resulta ser mucho más productiva y eficiente para todas las partes del contrato. Estas estructuras, aunque espontáneas, siempre tienen una lógica detrás y coherencia en su funcionamiento, ya que se basan en el marco del mercado y de la libre asignación de recursos. Por lo tanto, pensar que se puede manejar o incluso diseñar una estructura productiva de manera centralizada es pura ingenuidad propia de los burócratas y los comités que viven de las subvenciones.

    No debemos viajar mucho en el tiempo para encontrar el gran fracaso de las economías centralizadas, ya que la URSS, siendo la segunda economía mundial en PIB nominal, ocupaban la posición 35 en cuanto a PIB per cápita a nivel global.


    Finalmente, la división del empleo reflejada en la teoría austriaca del capital se basa directamente en la división de conocimiento. En las empresas, las diferentes tareas y roles que se han de llevar a cabo son ejecutados por esos trabajadores que mejor saben como desarrollar esa faceta de la cadena productiva. Este conocimiento, muchas veces adquirido por la especialización, sería imposible en un modelo centralizado, donde todos los trabajadores supuestamente tendrían los mismos conocimiento y capacidades. El mercado es responsable de descubrir quién sabe hacer que, y como lo sabe hacer, es decir, exponer los conocimientos de los distintos agentes económicos, pero no solo esto, sino también organizarlos e interrelacionarlos en estructuras productivas de manera espontánea a través de los empresarios. Los límites de los mercados y conglomerados empresariales se expanden y contraen conforme al ciclo económico, y es que las correcciones del mercado son una parte esencial de la estructura de capital estudiada por la Escuela Austriaca.

    En conclusión, desde la perspectiva austriaca, la única solución para lograr una asignación eficiente de capital en la economía, es eliminar y evitar todo tipo de intervenciones, tanto directas como indirectas, por parte del Estado en la economía, permitiendo al mercado reestructurarse por si mismo a través de correcciones y creación espontánea de estructuras productivas. No queremos revivir errores del pasado, por lo que debemos dejar de lado todas las políticas “burbujistas” de incremento del gasto público, reducción de tipos de interés o inyecciones de liquidez con el irrisorio propósito de incrementar la demanda interna. Por ello, estaría bien que todos los burócratas y estatistas actuales conociesen la teoría del capital de la Escuela Austriaca. 
“La libertad concedida sólo cuando se sabe de antemano que sus efectos serán beneficiosos no es libertad.”- Friedrich August von Hayek

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