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José Francisco López · Economipedia 06 May '19 · 4 minutos Opciones financieras Las opciones financieras son un producto cuya página pasamos cuando estamos empezando en bolsa. Las vemos demasiado complejas, no las entendemos y las obviamos. Este producto financiero te abre un gran abanico de posibilidades.

El objetivo principal de invertir en bolsa, sea cual sea el producto de inversión utilizado, es ganar dinero. El segundo objetivo, que no es cosa menor, es no perderlo. No sólo no perderlo en sentido de que no caiga la valoración de los activos financieros en cartera, sino también no perderlo bajo el prisma de que la inflación o el Estado—que en ocasiones vienen a ser primos hermanos— no mermen nuestro poder adquisitivo.

Es una manera de verlo, la mía. Si bien es cierto, claro está, que muchos pensaréis: «Mi objetivo primordial no es ganar dinero, es no perderlo». Y déjame decirte que es una buena forma de verla. En cualquier caso, tanto si piensas como yo, como si no, te traigo un producto de inversión que es totalmente válido para las dos formas de pensamiento.

En este artículo, nos centraremos en el binomio rentabilidad-riesgo desde el punto de vista que le interesa a la mayoría de inversores en la actualidad. Ya que, afortunadamente para nosotros, el fenómeno de la inflación en Europa se ha disipado en gran medida durante las últimas dos décadas. Antiguamente, dicen los gestores que lo vivieron, la motivación de invertir en bolsa para combatir la inflación era algo mucho más demandado. A día de hoy, sin embargo, la inflación a corto plazo en las principales economías avanzadas ha dejado de ser una de las preocupaciones principales de los gestores e inversores.

Las acciones. El activo que, a priori, más rentabilidad genera
Así, suponiendo que nuestro objetivo sea capitalizar nuestro dinero más allá del fenómeno inflacionario, debemos tener en cuenta cuánto estamos dispuestos a perder. A mi modo de ver, la pregunta ¿cuánto estás dispuesto a perder? Nos provee de un marco mucho más fiable a la hora de determinar la composición de nuestra cartera. Por ejemplo, la cartera de alguien que sea muy averso al riesgo —visto desde el prisma tradicional— estará compuesta principalmente por bonos o activos monetarios. Por el contrario, alguien dispuesto a sufrir grandes minoraciones en su capital tendrá su dinero invertido completamente en acciones o activos más volátiles.

En esta línea, no son pocos los gestores que defienden que, si se va a invertir a largo plazo, invertir en acciones es la mejor opción. A largo plazo, han defendido muchos, la renta variable son el mejor activo para invertir. Tienen más riesgo, pero siempre nos ofrecen mayores rentabilidades. Aunque esto es, en cierto modo, cuestionable, no vamos a entrar a discutirlo y vamos a suponer que, efectivamente, las acciones son el mercado más rentable.

Bajo esta hipótesis de partida, si vamos a invertir a largo plazo, lo haremos en acciones. Pero claro, ¿qué acciones comprar?, ¿en qué cantidad?

Hay muchos modelos que nos permiten tomar decisiones. Uno de los famosos es el análisis en valor o análisis value. De ahí que esta casa, muy acertadamente, por cierto, se llame Value School. También los hay defensores del análisis técnico, del cuantitativo, inversores cuyas decisiones se basan en el análisis macroeconómico, así como gestores que invierten en base al modelo de Markowitz.

¿Sin riesgo no hay rentabilidad?
Sea cual sea el análisis que decidamos utilizar, lo que queremos es ganar lo máximo posible con las mínimas pérdidas posibles. Es el sueño de cualquier inversor, sea este institucional o minorista. Maximizar ganancias y minimizar pérdidas. Dicho en otras palabras, por si lo queréis ver de otro modo, minimizar pérdidas y, si el entorno lo permite, maximizar ganancias.

En las facultades de economía y en la gran mayoría de libros sobre economía y finanzas (casi) siempre nos han enseñado que a mayor riesgo mayor rentabilidad. Si lo prefieren, dicho con otra retórica: para ganar hay que arriesgar. Por tanto, cuando más arriesgas más puedes llegar a ganar. Y eso es cierto, nadie regala dinero, al menos que yo sepa.

La volatilidad: una medida inventada
Para las acciones eso es medio cierto. Y digo medio cierto porque el riesgo —entendiendo riesgo como volatilidad—, desde un punto de vista probabilístico, es una medida inventada y estimada por el hombre para intentar hacerse una idea de lo que puede llegar a ser verdad. La realidad es que, en muchos casos, nunca sabrá el riesgo real. Ni siquiera, aunque le salga bien, sabrá si ha acertado o no en su estimación del riesgo. Ya que una cosa es que algo salga extraordinariamente bien y sin contratiempos, y otra que no hubiese probabilidad de que saliese mal.

Traducido a la bolsa, que una empresa suba sin parar, literalmente sin parar, durante 4 años, todos los días un 1%, no indica necesariamente que no tenga riesgos. Sin embargo, a ojos de las finanzas, la volatilidad será del 0%. Y, consecuentemente, según la idea que tienen los financieros del riesgo, el riesgo será del 0%.

Y te diré más, si la compañía tiene ese comportamiento probablemente sea un esquema Ponzi o algo similar, cuyo riesgo es bastante grande.

Con la idea en mente de que la volatilidad financiera es una medida inventada de incertidumbre (eso lo aprendí de Taleb y me costó asumirlo) me propuse, hace ya varios años, ir en búsqueda de algo cuyo riesgo realmente pudiera cuantificar. Los que hacen análisis value se acercan a este modo de proceder, ya que invierten en empresas y los riesgos que analizan no son invenciones financieras, sino estimaciones empresariales.

Para un analista value que confía en su forma de trabajar, no le importa soportar una caída del 70% en su acción. Por mucha volatilidad que tenga, el gestor value no está comprando solamente una acción, está comprando las acciones de una empresa, de un negocio.

Las opciones financieras: una alternativa
A pesar de que el análisis value, desde mi punto de vista, es una de las mejores maneras de proceder a la inversión en bolsa no está exenta de riesgos. La confianza es clave en este sentido, ya que cualquiera no está preparado para asumir que una empresa que se supone está barata pueda caer un 70%. Sin embargo, esto no invalida la hipótesis de que el negocio sea bueno y además esté barato.

Así, en mi empeño por encontrar algo cuyo riesgo fuese totalmente medible, me encontré con las opciones financieras. Las opciones financieras son un producto —y a mí me paso en su día— cuya página pasamos cuando estamos empezando en bolsa. Las vemos demasiado complejas, no las entendemos y las obviamos. Al final, acabamos pensando que es un producto reservado para cerebritos muy buenos en matemáticas.

Todo sea dicho, las opciones financieras, no son canicas del estilo del CFD. Y, por tanto, su mecanismo es un poco más complejo. No me extenderé mucho, y trataré de darte las principales pinceladas para que entiendas el abanico de posibilidades que se te pueden abrir con este producto financiero.

Ejemplo del funcionamiento de una opción financiera
Imaginemos que queremos comprar una casa. Como es normal, iremos a ver varias casas con distintos precios, en distintas zonas y de diferentes propietarios. En el proceso de comprar una casa, vamos viendo diferentes casas y de repente, vemos una fantástica, a un precio muy bajo.

En ese momento tenemos dos alternativas: comprar la casa o seguir mirando (puede que encontremos una mejor). Si la compramos, puede que estemos renunciando a ver otra mejor y más barata. Sin embargo, si no la compramos, puede que sigamos mirando, no encontremos una mejor y cuando volvamos a comprarla esté vendida.

¿Qué podemos hacer?

Comprar una opción de compra (en la jerga financiera se denominaría comprar una opción call). Comprar una opción de compra consiste en lo siguiente. Le decimos al propietario que le ofrecemos 500 euros a fondo perdido (prima de la opción) a cambio del derecho a comprar la casa en los próximos meses. ¡Ojo! Tenemos el derecho, pero no la obligación. Si en 3 meses no hemos visto una casa mejor, ejercitaremos el derecho de compra y haremos efectiva la compra. Y, al contrario, si hemos visto una casa mejor, pasados los tres meses habremos perdido los 500 euros y no ejercitaremos ningún derecho.

En este caso, aunque el ejemplo deja clara la idea, es difícil analizar el tema en cuestiones de pérdidas y beneficios. Así que, ahora aplicaremos el concepto al caso de las acciones.

Compras opciones de compra de una empresa
Supongamos que tenemos una acción en nuestro radar. La empresa ciertamente parece muy buena, el modelo de negocio está genial, sin embargo, aún no está asentada. Tenemos mucha confianza en que sea la próxima empresa líder Fintech, pero tiene mucha competencia.

Aunque tengamos mucha confianza, el riesgo también es grande, ya que debido a los rápidos cambios en la tecnología podría llegar otra con una tecnología mejor y sacarla del mercado. Eso sí, tenemos que tomar una decisión. ¿asumimos el riesgo y nos abrimos a la posibilidad de grandes beneficios?

Yo les propongo, una vez más, una solución: comprar una opción call.

Siguiendo con el ejemplo de esta empresa, a la que llamaremos STRAW, supongamos que la acción tiene un precio de 210 euros. Nosotros, tras realizar nuestros análisis creemos que la compañía está muy infravalorada. Realmente tiene un gran negocio y en sus próximos resultados debería dar el campanazo. Eso querría decir que cuando salgan los resultados la compañía podría subir, por ejemplo, un 20%.

Supongamos que nos reservamos el derecho a comprar 100 acciones a 231 euros. El vencimiento es dentro de 2 meses. Es decir, podemos ejercitar ese derecho dentro de dos meses. Por reservarnos ese derecho tenemos que pagar 64 euros. Nuestro gráfico de beneficios sería el siguiente:


Como podemos comprobar en el gráfico, caiga lo que caiga la opción (incluso si quiebra) nuestra pérdida siempre es la misma: 64 dólares. Por la parte derecha, el precio al que nuestra pérdida comenzaría a reducirse sería de 231 dólares, ya que el pago de la prima (64 euros) no lo recuperaríamos. ¿A qué precio tendría que llegar la acción de STRAW para que nuestra pérdida fuese de cero? Veámoslo de la siguiente manera:

Si la prima es de 64 euros y es a fondo perdido, necesitamos que la acción suba por encima del precio de ejercicio (231 euros) hasta que con la compra de 100 acciones a ese precio podamos volver a venderlas y recuperar los 64 euros.

De manera que, si tenemos 100 acciones, necesitaremos una subida de 64 céntimos por acción por encima de 231 dólares para recuperarlo. Es decir, a partir de 231,64 euros (excluyendo comisiones) comenzaríamos a generar beneficio.

En este punto pensarás: «si hubiera comprado simplemente 100 acciones y eso se hubiera cumplido, ahora tendría 2.100 euros de beneficio». Sí, llevas razón, pero si hubiera caído un 10% llevarías una pérdida de 2.100 euros y yo, con mi estrategia, de tan sólo 64 euros. Mi riesgo asumido es muy, muy bajo.

Y ahora viene lo bueno, la acción, para empezar a generar beneficios, ha tenido que subir, como mínimo, estos dos meses un 10,30% y mi rentabilidad apenas se ha movido unos tristes 64 euros. Sin embargo, si vemos el gráfico vemos cómo si la acción, en lugar de subir a 231,64 euros, por lo que quiera que sea (por ejemplo, unos resultados mucho mejores a lo esperado y una coyuntura muy buena para la empresa), sube un 20% esos dos meses, mi beneficio ascenderá a 2.036 euros ¡con tan sólo 64 euros de riesgo!

Conclusión
No pienses que es oro todo lo que reluce. Evidentemente, no es fácil que una estrategia salga tan bien como la del ejemplo. Sin embargo, lo mejor de todo es que, aunque falles, la compra de opciones financieras puede hacerte ganar mucho con un riesgo muy limitado. Es decir, cuando fallas, tus pérdidas son muy pequeñas y, cuando aciertas, lo normal, es que tus ganancias sean normales. Te abres a beneficios muy, muy grandes, asumiendo riesgos muy muy pequeños.

Puedes consultar más información en los siguientes enlaces:

Opciones financieras – Tipos y ejemplo

Diferencia entre opciones y warrants

Mercado de opciones

Modelo de valoración Black & Scholes



Photo by Vladimir Solomyani on Unsplash



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