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Francisco Coll Morales 29 Oct '19 · 7 minutos La racionalidad de invertir a largo plazo Si uno se para a pensar en los grandes mentores de la inversión que, a día de hoy, se conciben, uno puede darse cuenta de cómo gran parte de ellos -casi la totalidad- han utilizado, dentro de sus complejas estrategias de inversión, el denominador común del largo plazo como filosofía de inversión.

                Si uno se para a pensar en los grandes mentores de la inversión que, a día de hoy, se conciben, uno puede darse cuenta de cómo gran parte de ellos -casi la totalidad- han utilizado, dentro de sus complejas estrategias de inversión, el denominador común del largo plazo como filosofía de inversión. Desde Warren Buffett hasta Benjamin Graham, pasando por el afamado Peter Lynch, todos ellos, han basado siempre su filosofía en el largo plazo como pilar fundamental de sus inversiones. Sin embargo, la agitación de los mercados en momentos de incertidumbre, en ocasiones, incapacita que muchos inversores incluyan este factor dentro de su estrategia.

                Y es que, en un mercado agitado, los inversores suelen mostrarse muy temerosos a las posibles pérdidas en las que pueda incurrir su estrategia ante abruptos cambios en las cotizaciones. Los grandes desplomes que hemos vivido en el trascurso de la historia, en compañías cotizadas de gran capitalización y magnitud operativa, siembran el caos en los mercados y provocan el pánico que, entre otros factores, espanta a los inversores por el miedo de perder todo el capital. Ahora bien, de acuerdo con estos padres de la inversión en valor, son tales espantadas las que ocasionan, a su vez, la pérdida de cuantiosas y muy posibles ganancias que se habrían generado de haber mantenido sus inversiones en el largo plazo, y no lo han hecho por salidas de capital en momentos equívocos.

                Los mercados, pese al ansiado intento de predecir sus movimientos, siguen siendo bastante complejos. Pese a las seguidas teorías y métodos que, a lo largo de la historia, se han ido acuñando con el fin de poder medir, con una mayor precisión, sus posibles movimientos, el futuro real sigue siendo incierto e inseguro. Como digo, podemos tratar de predecir el futuro, pero ello no nos protegerá de los abruptos movimientos que puedan sucederse en el mercado, así como de los cambios que, saliéndose de nuestras predicciones, se den en nuestra cartera. Como digo, se trata de una inseguridad que, en muchas ocasiones, nos lleva a sopesar los costes de oportunidad que conllevaría estar dentro, o fuera, del propio mercado en momentos turbulentos.

                Sin embargo, no es casualidad que uno de los pilares de los grandes padres de la inversión sea el largo plazo. De acuerdo con los indicadores que muestran una evolución histórica de los mercados con un alto grado de representatividad global, podemos observar que, pese a las grandes depresiones que ha vivido la economía a lo largo de la historia, los mercados siempre han seguido aumentando su valor de capitalización. Y cuando digo siempre, es que siempre, sin excepción alguna, los mercados han continuado creciendo al margen de esos momentos en los que el caos se apoderaba de los parqués, provocando que miles y miles de personas perdiesen su capital en grandes shocks como el propio crack del 1929 u otros momentos de pánico.

 

El largo plazo como inversión segura

                Como comentábamos, la inversión a largo plazo sigue siendo uno de los grandes mantras dentro de la inversión pese a que muchos inversores, dada su capacidad de resistencia y su fuerza psicológica a la hora de invertir, siguen siendo incapaces de mantener posiciones en momentos donde las resistencias se rompen con un alto grado de fragilidad. Sin embargo, dentro del propio mercado los indicadores reflejan de forma muy clara que las teorías que en su día difundieron estos padres de la inversión sí se cumplen; de hecho, índices de magnitud global como el MSCI World registran estas suposiciones que mencionamos. De acuerdo con este indicador de Morgan Stanley, los mercados siempre tienden a revalorizarse y capitalizarse en el largo plazo. Si observamos la evolución histórica de dicho índice, vemos cómo su evolución, pese a las situaciones recesivas que se han vivido en la economía, siempre ha sido positiva en el largo plazo. El gráfico así lo muestra, pues si un inversor hubiese invertido una cuantía determinada de capital en un momento de la historia –independientemente de la fecha que fuese-, habiéndolo dejado depositado e invertido en el largo plazo, esta inversión siempre se habría revalorizado, siempre y cuando hubiéramos estado dispuestos a asumir las posibles pérdidas momentáneas en los momentos de caos en los mercados.

 

                Como se observa en dicho gráfico, la evolución del índice muestra una clara revalorización, algo que también se observa en otros índices como el IBEX 35. Si observamos el gráfico en total returns (en rendimiento total), podemos ver como lo que decían los padres de la inversión en valor vuelve a cumplirse si la inversión se hubiese realizado en el largo plazo. Es decir, en un rendimiento total del IBEX, el índice siempre ha mostrado un crecimiento positivo en el largo plazo, confirmando así las teorías acuñadas por estos inversores.



                Como comentábamos, prácticamente la totalidad de los principales índices bursátiles cumplen con el mismo patrón. La revalorización histórica también se da en aquellos índices con mayor longevidad histórica y de mayor magnitud, como el Dow Jones Industrial Average norteamericano, cuya evolución es similar a la de IBEX 35 en el largo plazo. De acuerdo con el gráfico, en el largo plazo y descontando los shocks que ha vivido la historia, se registra ese crecimiento histórico del que hablamos.

 

Evolución histórica del DOW JONES INDUSTRIAL AVERAGE


Unas conclusiones evidentes

 

                En conclusión, la inversión en el largo plazo contempla un alto grado de racionalidad para aquellos que la practican. Igual que lo hemos hecho con el índice MSCI World, el IBEX o el Dow Jones, también podríamos corroborarlo con otros índices de gran relevancia como el S&P 500, el CAC parisino u otros de semejante índole. La inversión a largo plazo constata la realidad de la que hablamos, al margen de las posibles estrategias utilizadas. Siempre posee una clara ventaja que llevó a inversores como Warren Buffet a acuñar frases como: “La bolsa es un mecanismo por el cual se transfiere dinero del impaciente al paciente”.

                No obstante, como mencionaba, cada inversor posee su estrategia. Y con esto no digo que la inversión a corto plazo no pueda ser rentable (en muchas ocasiones lo es), sino que en la inversión a largo plazo existe un claro factor racional. De acuerdo con los índices mostrados, las teorías mencionadas tienen un gran componente explicativo, mediante el que sustentar dichas teorías y aportar valor a la mismas. Teorías en las que, como decíamos, se han inspirado los inversores de mayor éxito dentro del mundo de las finanzas y la inversión.

                En definitiva, estamos ante una clara muestra de que los mercados requieren de una gran paciencia y un alto grado de fuerza psicológica para poder aprovecharnos de los beneficios que nos aportan. Una fuerza psicológica capaz de entrenarse, pero que, en muchos casos, puede pasarnos facturas como una fuerte pérdida de capital que nos lleve a huir apresuradamente. Ello nos llevaría a asumir pérdidas que, con templanza y refuerzo psicológico, podrían llegar a evitarse en muchos casos. No podría acabar sin mencionar una frase de Warren Buffett muy aplicable también en decisiones que tomemos al margen de la inversión: “Algunas cosas solo necesitan tiempo. Nueve mamás no hacen un bebe en un mes”.




Photo by Kumiko SHIMIZU on Unsplash



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