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Sergio Vázquez (inversor particular). @svbolsa 14 Mar '18 · 3 minutos Algunos apuntes sobre tipos de Activos y su distribución en una cartera de Inversión De la mano de algunos de los grandes inversores
    Pienso que lo primero que tenemos que tener claro en materia de inversión, es en qué tipo de activos vamos a invertir nuestro dinero y cómo queremos distribuir los mismos en nuestra cartera. Esto parece muy obvio, pero en los años que llevo invirtiendo, he conocido a algunas personas que, desafortunadamente, no saben en qué activos invierte su fondo o plan de pensiones. Mi propósito aquí  es realizar una aproximación lo más breve y simple posible a este tema y lo haré de la mano de algunos de los grandes nombres en el mundo de la inversión.

    Según William Bernstein, en su libro “Los Cuatro Pilares de la Inversión”  esencialmente, hay dos tipos de activos financieros: los que procuran altos beneficios y suponen elevados riesgos, y los que dan pocos beneficios  y no conllevan apenas riesgos. Entre los primeros se encontrarían principalmente las acciones y entre los segundos los instrumentos de deuda de alta calidad a corto plazo, como letras del Tesoro o fondos del mercado monetario. No obstante, yo diría que es complicado hablar de activos sin apenas riesgos, ya que actualmente hay, por ejemplo, algunos fondos monetarios que pierden dinero.


    Sobre tipos de activos, Francisco García Paramés, en su libro “Invirtiendo a largo plazo”, hace referencia a las acciones como activos reales, porque reflejan la propiedad del activo subyacente  (también los bienes inmobiliarios o las materias primas, entre otros, entrarían en esa categoría). Como inversión monetaria, en cambio, el autor se refiere a los instrumentos de deuda o bonos. En este caso, al inversor se le otorgaría una promesa de pago de unas rentas, no siendo propietario de la entidad que ha emitido dicha promesa de pago.


    Pues bien, si decides construir tu cartera con varios tipos de activos, surge la cuestión de en qué proporción distribuirlos. Según el enfoque de William Bernstein, el comportamiento de una cartera de inversión viene determinado principalmente por una mezcla de dos tipos de activos, las acciones y los bonos. Para este autor, la cartera de inversión más simple sería una combinación de acciones y letras del Tesoro, y la asignación más recomendable podría ser invertir  75% en acciones y 25% en bonos a corto plazo (si bien contempla otras composiciones de carteras intermedias con 40% o 50% en bonos, dependiendo de los diferentes perfiles de inversión).


    Un punto de vista que me parece muy interesante es el contemplado por Jeremy J. Siegel en su “Guía para invertir a largo plazo”, que se basa en el horizonte temporal del inversor: por ejemplo, para este autor, la cartera de riesgo mínimo para horizontes de 20 años estaría formada por acciones en más de un 50% y para un horizonte de treinta años el porcentaje de acciones se elevaría al 68%, mientras que para inversores a más corto plazo, se elevaría el porcentaje de inversión en bonos. Por lo tanto, a largo plazo, según sus estudios,  las acciones son más seguras a fin de preservar el poder adquisitivo.


    Otro enfoque que me parece tan simple como interesante es el de John C. Bogle en su obra “Cómo invertir en fondos de inversión con sentido común”, que basa su modelo de asignación de activos entre acciones y bonos en la edad del inversor: recomienda tener una posición en renta fija equivalente a su edad, y el resto en acciones. En cualquier caso, reconoce que sus pautas son conservadoras y que dicha regla debe ajustarse según los objetivos, la situación económica y  la tolerancia al riesgo de cada inversor. Esto último es, sin duda, un aspecto fundamental  en este tema, ya que cada cual tiene su umbral del sueño. 


    Cabría mencionar por ejemplo que, según algunos medios que he consultado, el gran inversor Warren Buffett, en su testamento, habría recomendado a su mujer que invirtiera un 90% en acciones (concretamente en un fondo referenciado al S&P 500) y un 10% en bonos del Tesoro a muy corto plazo. 


    No quiero olvidar tampoco el importante papel que para mí juega el disponer de algo de efectivo, más allá del fondo de emergencia de cada inversor, ya que en momentos de correcciones o de pánico en el mercado, tendrás capacidad para añadir más posiciones a tu cartera de renta variable. Como dice el legendario gestor Peter Lynch en su libro “Un paso por delante de Wall Street”: si se tiene el valor y la presencia de ánimo para comprar en esos momentos de pánico, cuando el estómago dice “vende”, se encuentran oportunidades que parecían imposibles.

    Antes de terminar, y sin ánimo de extenderme sobre la inversión en materias primas, sí me gustaría añadir algo sobre el oro. Por ejemplo, el reconocido gestor de fondos value Jean-Marie Eveillard, en su libro “En Bolsa, invierta en valor” considera que es recomendable tener una pequeña posición en oro, concretamente un 10%, ya que proporcionaría protección frente a acontecimientos extremos. También Ray Dalio, gestor de uno de los mayores  hedge funds del mundo,  Bridgewater Associates, recomienda tener entre un 5 a un 10% de la cartera invertida en oro como cobertura ante riesgos geopolíticos.


    Hay otros activos y otros enfoques muy interesantes sobre esta materia y que me darían para escribir un libro entero, pero, como indiqué al principio, he querido simplificar al máximo mi exposición, esperando que sirva también de ayuda a otros inversores. Creo, además, que se trata de un tema importante para poder centrarse en la estrategia inversora a largo plazo y alejarse del ruido bursátil. 
 

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