Inversión en valor
Medio

Value y growth ¿Conoces las diferencias?

Dentro del mundo del análisis fundamental es habitual distinguir entre dos estilos de inversión: inversión en valor (o value investing, en inglés) e inversión en crecimiento (o growth investing, en inglés). Ambos tienen partidarios y detractores y hasta índices propios que permiten evaluar el desempeño relativo de un estilo frente a otro.

Antes de seguir, conviene aclarar que el término «inversión en valor» se utiliza a menudo para referirse de forma general a cualquier estilo de inversión que requiera un análisis profundo de la compañía en la que se invierte. Por eso está plenamente justificado usarlo para referirse tanto al estilo value como al estilo growth. En este artículo usaremos los términos «inversión en valor» y value investing en un sentido más estricto que paso a definir a continuación.

En sentido estricto, la inversión en valor busca compañías infravaloradas, es decir, que coticen por debajo de su valor intrínseco, que es el precio que el mercado asignaría a esa acción en condiciones normales o «promedio». El motivo por el que las compañías están baratas puede ser un momento bajo del ciclo o simplemente la pérdida de popularidad entre los inversores. Lo importante es encontrar empresas con suficiente margen de seguridad, es decir, que el precio de cotización esté lo suficientemente por debajo del valor intrínseco que calculemos.

Este estilo suele usarse para invertir en compañías con un modesto potencial de crecimiento de sus beneficios a largo plazo (materias primas, banca, bienes de equipo o automoción, por ejemplo). Por eso para un inversor en valor es importante comprar barato, dado que la principal fuente de rentabilidad de la inversión será la convergencia del precio hacia el valor intrínseco, no el crecimiento de los beneficios de la compañía.

Por su parte, la inversión en crecimiento consiste en comprar compañías con alto potencial de crecimiento en beneficios. A diferencia del value, el growth valora más los resultados futuros de la compañía que su situación actual, hasta el punto de comprar compañías que no han generado beneficios nunca. Al inversor growth no le preocupa pagar un precio alto si el alto crecimiento lo justifica. Pensemos, por ejemplo, que un PER de 25x en una compañía cuyos beneficios crecen un 10 % anual se convertirá en un PER de 17x pasados cuatro años si el precio no cambia. El crecimiento de beneficios nos protege de los múltiplos altos.

El growth, como cabe esperar, es un estilo muy utilizado para invertir en sectores innovadores y de alto crecimiento como, por ejemplo, tecnología, salud o semiconductores. También se usa en sectores que experimentan fuertes vientos de cola, como la logística o los servicios IT.

En defensa del value, cabe señalar que se utiliza en sectores maduros y actividades empresariales con un amplio historial. El inversor value no necesita entender nuevos modelos de negocio ni saber identificar vectores de disrupción en la industria; es suficiente analizar los negocios «de toda la vida» y esperar a que se pongan baratos. De hecho, suelen ser los sectores más «aburridos» los que ofrecen mejores oportunidades. En cambio, el inversor growth se mueve en entornos de constante innovación donde una idea de negocio o una tecnología pueden quedar obsoletas rápidamente. Por eso debe actualizar continuamente sus conocimientos sobre el sector, asegurarse de que los motores del crecimiento no se desvanecen y ser capaz de identificar a tiempo las nuevas tendencias que marcarán el futuro del negocio. No todos los inversores pueden alcanzar ese nivel de conocimientos.

Por otra parte, el value tiene inconvenientes que no están presentes en el growth. El primero de ellos es que, dado que la estrategia de un inversor value consiste en comprar a un determinado precio esperando que alcance el valor intrínseco, su rentabilidad anualizada se resentirá cada día que el mercado no le dé la razón. Aunque finalmente el precio alcance el valor intrínseco, la rentabilidad anualizada será muy distinta si lo hace en seis meses o si lo hace en seis años.

Además, el estilo value requiere encontrar nuevas ideas constantemente. Como una vez que la cotización alcanza el valor intrínseco la posición se vende y es necesario reemplazarla por otra, hay que tener preparadas tesis de inversión en otras compañías. En cambio, una cartera growth exige poca rotación si los motores del crecimiento se mantienen. El inversor growth puede «sentarse» sobre sus inversiones y dejar que estas generen rentabilidad.

A este respecto, la inversión en calidad (quality investing, en inglés) busca precisamente construir una cartera de compañías que sean capaces de crecer rápidamente y con altas rentabilidades de manera sostenible en el tiempo. Para ello, estas compañías tienen que ser capaces, no sólo de conseguir una alta rentabilidad sobre el capital empleado (ROCE), sino de mantener esa alta rentabilidad en cada euro que se reinvierte en el negocio. Esto es algo que muy pocas compañías logran.

Por último, otro defecto del value es que el inversor que busca compañías baratas corre el riesgo de terminar invirtiendo en negocios cuyo bajo precio está justificado por motivos que el inversor no ha sido capaz de ver en su análisis. A estas compañías que parecen baratas pero cuyo precio deprimido está justificado por los fundamentales se las conoce como trampas de valor o value traps.

Durante la década de 2010 los sectores growth (tecnología, Internet o salud) lo hicieron mejor en bolsa que los sectores value (materias primas, bienes de equipo o banca) de manera continuada, lo cual llevó a muchos a pensar que el value había «muerto». Sin embargo, con el regreso de la inflación y la subida de tipos de interés el value ha vuelto a tener un mejor desempeño que el growth. Además de la subida del precio de las materias primas, una razón fundamental que explica el peor comportamiento relativo del growth recientemente es que se trata de compañías cuya valoración es muy sensible a los cambios en los tipos de interés. El motivo es pura matemática financiera: cuanto más lejanos en el tiempo sean los flujos de caja esperados (que es lo que sucede con las compañías de crecimiento), más sensible es su valor actual con respecto a la tasa de descuento. La bajada de tipos tras la crisis de 2008 hizo que las valoraciones de las empresas de crecimiento aumentaran en mayor medida que las valoraciones de los negocios más tradicionales, mientras que el repunte de tipos del último año ha tenido el efecto contrario. Eso es lo que explica que las compañías de crecimiento hayan caído más que las compañías value.

Ambos estilos tienen ventajas y sus inconvenientes, pero es indudable que ofrecen oportunidades. Lo importante es que el inversor los conozca y adopte el que mejor se adapte a sus conocimientos e intereses.

 

Foto de Pixabay

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