Descripción
Existe una fuente de contradicción consustancial a la modernidad. La raíz de este conflicto tiene que ver con la somatización social del intercambio mercantil generalizado. Al mercado dirigimos nuestra mirada no solo para solventar asuntos económicos, sino también para hallar respuesta a cuestiones metafísicas relacionadas con qué consideramos honorable, valioso o incluso real.
No pocas políticas públicas se deciden desde el supuesto de que la conducta característica y apropiada de los ciudadanos de las democracias occidentales es la de un egoísta racional maximizador. Occidente es responsable del camino técnico, científico y economicista en el que se ha embarcado nuestro mundo.
La economía, no obstante, es lo que ocurre mientras se mantienen relaciones familiares o de afinidad, se realizan ritos religiosos o, en general, se siguen costumbres inveteradas.