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Miguel de Juan Fernández 08 Jul '21 · 3 minutos El objetivo de la lectura Dentro del mundo value y, en especial, tras el ejemplo y las citas de Buffett y de Munger, es casi obligado el recomendar a todo el mundo leer casi sin parar. Yo lo he hecho… y no me arrepiento.
«De manera que la colección estaba sometida a una fluctuación constante; las hojas en mi poder que menos valor tenían para ese cometido tan exigente las descartaba todas, vendiéndolas o intercambiándolas en cuanto conseguía localizar otras más importantes, más características y —si se me permite decirlo así— con más contenido de inmortalidad. E inesperadamente, en muchas ocasiones conseguía mi propósito porque, aparte de mí, había muy pocas personas que coleccionasen las piezas más importantes con tanto conocimiento de la materia, tanta tenacidad y, al mismo tiempo, tanta ciencia. Así, llegué a reunir, primero en una carpeta y luego en una caja protegida con metal y amianto, manuscritos de obras originales o fragmentos de obras que forman parte de las muestras más imperecederas de la creación humana».
Stefan Zweig (1934-1939).
El mundo de ayer (pág. 180).

Incluí la cita precedente en la carta de junio a los partícipes del Argos Value Fund. Les decía a los argonautas que esta cita fue como uno de esos tesoros que se encuentran cuando uno menos se lo espera… y todo surge de la lectura.

Dentro del mundo value y, en especial, tras el ejemplo y las citas de Buffett y de Munger, es casi obligado el recomendar a todo el mundo leer casi sin parar. Yo lo he hecho… y no me arrepiento. Es más, en este artículo os vuelvo a recomendar, encarecidamente, que leáis todo cuanto podáis. Pero no cualquier cosa. Volveré a ello más tarde.

La lectura, tal y como yo la entiendo, no ha de ser exclusivamente de libros relacionados de forma directa con la inversión, la economía o las finanzas, ni siquiera sobre la historia de Wall Street y los personajes, sucesos o instituciones que han sido relevantes. En este sentido creo que la entiendo más bien al estilo de Munger, que trata de ampliar su conocimiento a través de la lectura de libros sobre materias no directamente relacionadas entre sí y, de esta forma, tratar de lograr una visión más amplia de la realidad. Por supuesto, una parte importante del tiempo de lectura se dedicará a las cuentas de las empresas que estemos analizando o simplemente mirando, para ver si nos atraen lo suficiente como para dar el paso de analizarlas más en serio. Pero esta parte de la lectura, la relativa a las cuentas y memorias anuales y a los informes trimestrales que la empresa vaya generando, es algo más obvio y no creo que merezca la pena insistir mucho en ello. Es «el trabajo», por así decir: buscar empresas y analizarlas para ser capaces de calcular un valor intrínseco razonable. Para ello, es de pura lógica leer sobre ellas y comprender lo que sus informes nos muestran.

Pero el objetivo de la lectura no puede ser exclusivamente leer informes anuales o trimestrales; eso sería asumir un campo de estudio muy estrecho y las empresas son mucho más que sólo sus cuentas. No me refiero tampoco a que puedan reducirse a los aledaños de dichas cuentas

anuales, por ejemplo, el sector o los avances tecnológicos que puedan dar lugar a cambios significativos o a nuevos competidores. No, las empresas son mucho más. Y es lógico que así sea, pues están formadas por personas, seres muy complejos que no pueden ser parametrizados de ninguna forma por su propia característica como «persona» y por la capacidad de libre albedrío y los valores morales que eso implica.

Por eso el campo de lectura debe ser amplio para que pueda ayudarnos a comprender y entender, precisamente, que las finanzas, la economía y la inversión tienen mucho más que ver con las personas que con las matemáticas. Esto no os lo dirán en el mundo académico, donde les gusta parametrizarlo todo y realizar multitud de estudios, estudios para los que necesitan una ingente cantidad de datos. Y las personas no dan datos (o no lo suficientemente «buenos» como para meterlos en un estudio). En cambio, si los dan los precios de las acciones o los números que aparecen en las cuentas anuales de las empresas. De ahí la obsesión en el mundo académico por el análisis de ratios como valoración de empresas en rankings de parámetros o por el estudio del movimiento de los precios de las acciones y el cálculo de su desviación típica como medida del riesgo en el mercado, pese a que se demuestre que la volatilidad NO es riesgo. Pero ellos insisten en nuevos estudios alrededor de la misma farola, no porque ahí estén las llaves perdidas sino porque ahí tienen luz, como en el chiste.

Vuestro campo de lectura debe ser tan amplio como os sea útil para, voy a ponerme profundo, alcanzar la Verdad o, al menos, acercaros lo más posible a ella. Ese es el objetivo real de la lectura, que os permita comprender y entender la realidad de las empresas y de las personas que la forman o que se ven involucradas o afectadas, de una u otra forma, con ella. La cita de Zweig, en un libro autobiográfico suyo, habla de cómo él formaba y gestionaba su colección de manuscritos de obras literarias o musicales. Si la leéis una segunda vez veréis cuánto se parece a la propia gestión de carteras de un fondo de inversión; en concreto, de un fondo value. ¡Una autobiografía de un novelista! Y ahí encontramos esa pizca de verdad, esa delicia de consejo sobre cómo gestionar una cartera de inversión. Si sólo nos hubiéramos centrado en leer libros relacionados directamente con las inversiones nunca la hubiéramos encontrado (creedme, debo de tener unos ciento veinte libros sobre inversión y, en especial, value investing, y ahí no aparece una cita equivalente).

Pero no es sólo esta cita en concreto. Leer sobre astrofísica (libros divulgativos, claro) o sobre el origen del Hombre o sobre etología de los antropoides, en especial gorilas de montaña y chimpancés, leer sobre historia de España y compararla con la historia de otras naciones, en particular con Inglaterra, os va a abrir todo un mundo, un marco conceptual que os va a permitir entender mejor al ser humano, rechazar la nefasta leyenda negra que nos tiene acomplejados cuando debieran ser los demás quienes se acomplejaran ante lo que España hizo y cómo lo hizo, entender mejor la diferencia sutil, pero de gravísimas consecuencias, entre la ideología que subyace a determinadas posturas o postulados económicos y cómo nuestros escolásticos de Salamanca tuvieron más razón que todos ellos porque estaban más ciertos en la naturaleza del Hombre que es, al fin, el objeto y sujeto de la actividad económica.

El objetivo de la lectura no es sólo aprender más de la historia de una determinada empresa o de Wall Street y cómo se llegó a la situación actual tras una vuelta atrás a una legislación de 1933 que tenía todo el sentido, tal y como el tiempo ha demostrado. No, vuestro campo de estudio es mucho mas amplio, pues debe abarcar al Hombre.

De ahí que tampoco os sirva leer cualquier cosa. Me explico. La vida es muy corta, el día sólo tiene veinticuatro horas y gran parte de vuestro tiempo diario va a estar centrado en dormir, estar con la familia y amigos, comer o leer cosas de forma obligatoria por vuestro trabajo, por lo que os va a quedar poco tiempo para leer de aquello que os haga crecer y entender la verdad sobre el Hombre y la realidad. Puedo entender que, al inicio, no sepáis bien por dónde empezar

y, al igual que en la inversión, empecéis por el análisis técnico antes de llegar al value. Esto, creo que le ha pasado a todo el mundo o a casi todo. Pero después, tenéis que ir cribando y filtrando y dedicando vuestro escaso tiempo a centraros en aquello que realmente os aporta valor. Recordad que el value investing se basa en pagar menos por algo que vale más. Dedicad vuestro tiempo, escaso por naturaleza, en aquellas lecturas que realmente os aportan verdadero valor.

Por ello es fundamental que recordéis la sabiduría imperecedera, que no os fallará. Recordad los principios en los que se basa nuestra cultura y no la dejéis de lado simplemente porque vivimos en un mundo en el que «ya no está de moda». Manteneos firmes y aprended, ampliad vuestro campo de lectura, encontrad las joyas de sabiduría, que aparecerán donde menos esperéis pero que os servirán de guía para los pasos futuros que vendrán, pues serán la luz que no se apaga. Buscadla sin descanso. No sólo os hará mejores; además, será divertido.

Os espero en el próximo artículo.



Foto de Polina Zimmerman en Pexels



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