Descripción
«Riesman se comportaba en Harvard de una manera singular. Creía en el contacto cara a cara, aun cuando cientos de jóvenes llenaran su aula. Pasaba horas en su despacho dictando cartas dirigidas a los estudiantes en relación con los trabajos que le presentaban y su puerta jamás estaba cerrada. La capacidad para responder a los demás era su obsesión. Extraordinariamente incontenido, compasivamente abierto, era un liberal que, más que rehusar o rechazar, veía todos los aspectos de las cosas y se comprometía plenamente con todos los que se le acercaban».