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Vicente Varó · Dtor de contenidos Finect 04 Jun '18 · 3 minutos VALUE INVESTING Y LAS EMOCIONES

¿Cuál es la clave de la inversión value? ¿Qué la hace diferente? Si tuviéramos que elegir una sola palabra sería conocimiento. Entender antes la historia, el hombre, las empresas es imprescindible para actuar en toda circunstancia con convicción, de manera independiente y distinta y con un criterio definido. 

Sólo a partir de una profunda comprensión de la realidad, sólo así se sostendrá el temperamento del inversor. Especialmente en los momentos difíciles, cuando las emociones dominan los mercados, cuando los titulares están llenos de palabras altisonantes. 

En un mercado cotizado lleno de información, incertidumbre y ruido, el inversor value sólo aprecia negocios, sólidos proyectos empresariales concebidos a largo plazo de los que puede ser propietario. Su trabajo cotidiano se concentra en el análisis de esos negocios. 

Dentro de su círculo de competencia, su tarea consiste en llegar a conocer la verdadera realidad de las empresas; esto significa conocer su balance, escuchar a sus equipos gestores, estudiar el sector, descubrir sus ventajas competitivas y calibrar la calidad y perdurabilidad del negocio. 

Después, el inversor value debe seleccionar el momento oportuno para comprarlos con un margen de seguridad alto. Situaciones que se dan cuando el mercado, en una ineficiencia a corto plazo, en un momento de volatilidad, se los ofrece a un precio inferior a su valor real. 

Llega entonces el momento de mantenerse firme. Frente a las emociones y a los espíritus animales de los mercados, el inversor debe probar convicción, capacidad de sufrimiento y paciencia. Esperar cuanto sea necesario hasta que el mercado reconozca su valoración como la correcta. 

El inversor value sabe que las grandes convicciones se alcanzan en silencio, apagando el ruido en torno al puro conocimiento de la realidad. Por ese motivo, antes de actuar, es imprescindible la observación y la reflexión, analizar a fondo los negocios, leer a los maestros y poner en valor las experiencias ajenas y propias.  

Y recordar siempre que el mejor antídoto contra el ruido y las emociones es el conocimiento.




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