Descripción
El cristianismo sitúa la salvación en el cuerpo. Hay que poner el cuerpo para que el pensamiento y las almas abandonen la seguridad categorial y suprasensible, la comodidad farisaica o simplemente mundana.
Se trata de buscar un Dios vivo en nuestros órganos, en nuestro cuerpo. En el cristianismo, el Mesías es sólo una metáfora de algo que yace en el más común de los hombres, en cada hijo; algo que Cristo sólo viene a reactivar.
Los hijos son para siempre, se dice: ¿acaso porque, en cuanto hijos, permanecen pequeños? Tal vez el mensaje originariamente cristiano es el de que hay que cuidar todo como si fuese pequeño, hijo de una grandeza misteriosa.