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Para pasar de ahorrador a inversor consciente es necesario dedicar tiempo y análisis
En un mundo de satisfacciones inmediatas de los deseos y de una visión mayoritaria a corto plazo, el ahorro corre el riesgo de convertirse en una antigualla. Para ahorrar, hay que sacrificar algo hoy –consumo- para poder disfrutarlo en el futuro en forma de renta. Esto exige austeridad, visión a largo plazo y paciencia.

Si acumulamos ahorro, nos aparece de inmediato la opción de hacer inversiones. La inversión supone la voluntad de emplear el ahorro de forma productiva, con el fin de que crezca. Por fortuna, el mercado financiero es amplio y ofrece múltiples opciones de inversión con productos específicos.

No obstante, la opción mayoritaria elegida por el ahorrador común español es el depósito bancario. El poder de distribución de los bancos, la falta de conocimiento profundo de las alternativas existentes por parte del inversor y una cierta aversión al riesgo asociado a la renta variable son las causas esenciales de esta realidad.

Para pasar de ahorrador a inversor consciente es necesario dedicar tiempo y análisis a las dos partes de la ecuación. Hay que adquirir un sólido conocimiento de uno mismo como inversor, definiendo las necesidades particulares de liquidez, el horizonte temporal y los rasgos de personalidad que configurarán nuestro comportamiento financiero; y a la vez, es imprescindible conocer en profundidad las distintas alternativas de inversión a nuestro alcance.

La mejor decisión es invertir a largo plazo los ahorros no necesarios en fondos de inversión de renta variable gestionados por profesionales independientes, honestos y con una visión empresarial a largo plazo. Para elegir la gestora y el fondo concreto, el trabajo de búsqueda y reflexión es tarea ineludible del ahorrador, que tiene la obligación de conocer los procesos de inversión, la mirada particular y los valores del gestor en quien deposita su confianza.

Completada esta tarea con rigor, nuestro ahorro estará invertido a largo plazo de forma diversificada en negocios consistentes y comprensibles que producen bienes que la sociedad valora. Los beneficios y la consiguiente revalorización de esos negocios, significará la revalorización de nuestros ahorros. De esta manera, si hemos hecho bien todo el proceso y, además, somos capaces de ofrecer paciencia en los momentos de volatilidad, el ahorro trabajará para nosotros a largo plazo.

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